Hasta llegar a ser primera bailarina de Shen Yun, Zheng atravesó un arduo camino para reconocer sus deficiencias y poder superarlas

Una antigua tradición afirma que para hacer arte genuino el artista tiene que purificarse por dentro y, solo de esa forma, podrá emanar una expresión pura capaz de conmover al espectador.

Si bien en la era contemporánea esa preparación parece haberse perdido, no es tan así, y hay bailarines, músicos y pintores –entre otras ramas- que eligen fortalecer su cultivación interior y espiritual como pilar de su desempeño artístico. Este es el caso de Daoyong Zheng.

En su tierra natal, Taiwán, Zheng era una niña vulnerable, enferma crónica, al punto que su madre pensó que hacer algo de ejercicio físico la podría fortalecer. Es así que a los 6 años la envío a una escuela de danza y, desde ese momento, Zheng solo tuvo un camino por delante, aunque recién años después encontraría su verdadera vocación: la danza clásica china.

Zheng se unió a Shen Yun Performing Arts en 2008 y actualmente es bailarina principal.

 

Mirando hacia el interior

En el año 2008 el profesor de Zheng la incentivó para que se presentara en la audición de la compañía de artes escénicas Shen Yun Performing Arts. Allí su vida cambió por completo.

En estos 9 años desempeñándose en la compañía de Nueva York, Zheng no solo se perfeccionó como artista –al punto de ser la primera bailarina de la principal compañía de danza y música clásica china que une -con su orquesta- las tradiciones de oriente y occidente, sino que logró reencontrarse consigo misma, reconociendo sus propias deficiencias y haciendo esfuerzos para superarlas y que emerja un ser altruista, que piensa en sus compañeros y en el público a la hora de bailar.

“Hubo enormes cambios dentro de mí”, afirmaZhengaclarando que antes tenía un comportamiento egoísta sin importarle lo que los demás piensen de ella.

“No tenía ningún rasgo de humildad y decía cosas que podían herir los sentimientos de los demás”, añade.

Sin embargo, el ambiente de trabajo de Shen Yun, la llevó a buscar sus defectos, y a apoyar a sus compañeros cuando están atravesando dificultades.

Este cambio fundamental en Zheng se dio a partir de que comenzó a seguir los principios de Falun Dafa: Verdad – Benevolencia – Tolerancia. Se trata de una antigua disciplina de la Escuela Buda que además cuenta con una serie de ejercicios suaves y meditación.

“Una bailarina clásica china, incluso cuando tiene lo que se necesita para ser bailarina y es muy habilidosa, no es una buena artista si no pone su corazón en ello”, expresa Zheng que cautiva a la audiencia cuando se convierte en madre heroica, doncella celestial o deidad, según lo requiera su personaje.

En el marco de la gira 2017 de Shen Yun, los argentinos podrán sorprenderse con su actuación en el Teatro Ópera, del 13 al 23 de abril. Zheng arribará al aeropuerto internacional de Ezeiza luego de presentarse en México y Colombia.

A pesar de que Shen Yun está conformado por una gran cantidad de artistas, alrededor de 500 distribuidos en 5 compañías, logra desarrollarse como un solo cuerpo bajo una única misión: que las personas se reencuentren con los valores universales de la cultura tradicional y milenaria.

“Todo el mundo aquí piensa en los demás; cuando una persona ve un problema, no se trata de culpar a alguien. Más bien, se trata de cómo todos pueden mejorar”, señala Zheng. “Este grupo es como una gran familia”.

“Lo importante es que todo el mundo está progresando”, agrega la primera bailarina, que se ha convertido en una suerte de ‘hermana mayor’ de los nuevos artistas. “He llegado a comprender lo que significa hacer una contribución desinteresada”, concluye y agradece a Shen Yun por darle la posibilidad de crecer “desde adentro hacia afuera”, retomando así las tradiciones milenarias.

Conoce más sobre Shen Yun y su gira 2018 aquí: www.shenyun.com.

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Categorías:Cultura Legado divino

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