El reconocido autor de la teoría de la relatividad y uno de los más brillantes físicos de todos los tiempos ha suscitado entre el público un interés muy profundo por su vida familiar.

Recientemente fue publicada una carta que deja entrever el sentimiento del afamado alemán por su hija desaparecida.

A principios de 1900 Einstein, cuando aún era un estudiante de física, concibe a la que sería su primogénita.

Su pareja era la también estudiante Mileva Maric, quien después de quedar en embarazo se vio obligada a dejar sus estudios y volver al hogar de sus padres.

La hija de los dos estudiantes sería llamada Lieserl Eintein. Desafortunadamente su madre la dejó al cuidado de sus padres con quienes contraería una extraña enfermedad llamada fiebre escarlatina.

Con solo un año de vida la niña fallece, mientras Einstein se encontraba lejos realizando trabajos en la oficina de patentes en Berna.

Al tiempo de este doloroso hecho, Albert y Mileva deciden formalizar su relación y luego nacen dos hijos como fruto de esa relación: Hans Albert y Eduard Einstein.

La pareja con hijo Hans Albert en 1904

El primer hijo de esta pareja se convierte en ingeniero y profesor de la universidad de Berkeley en California y el segundo en psiquiatra. Desafortunadamente este último empieza a sufrir de esquizofrenia a los 20 años y muere en un hospital psiquiátrico a los 55.

A pesar de tener una distante relación con sus hijos y de prácticamente no haber visto nunca a su primogénita, Einstein guardaba una carta en donde descubre sus sentimientos y demuestra su convicción por una fuerza que supera por mucho a todas las demás.

Esta es la conmovedora carta escrita por Albert Einstein a su hija Lieserl:

“Esta fuerza lo explica todo y da sentido en mayúsculas a la vida. Ésta es la variable que hemos obviado durante demasiado tiempo, tal vez porque el amor nos da miedo, ya que es la única energía del universo que el ser humano no ha aprendido a manejar a su antojo.

Para dar visibilidad al amor, he hecho una simple sustitución en mi ecuación más célebre. Si en lugar de E= mc2 aceptamos que la energía para sanar el mundo puede obtenerse a través del amor multiplicado por la velocidad de la luz al cuadrado, llegaremos a la conclusión de que el amor es la fuerza más poderosa que existe, porque no tiene límites.

Tras el fracaso de la humanidad en el uso y control de las otras fuerzas del universo, que se han vuelto contra nosotros, es urgente que nos alimentemos de otra clase de energía. Si queremos que nuestra especie sobreviva, si nos proponemos encontrar un sentido a la vida, si queremos salvar el mundo y cada ser sintiente que en él habita, el amor es la única y la última respuesta.

Quizás aún no estemos preparados para fabricar una bomba de amor, un artefacto lo bastante potente para destruir todo el odio, el egoísmo y la avaricia que asolan el planeta. Sin embargo, cada individuo lleva en su interior un pequeño pero poderoso generador de amor cuya energía espera ser liberada.

Cuando aprendamos a dar y recibir esta energía universal, querida Lieserl, comprobaremos que el amor todo lo vence, todo lo trasciende y todo lo puede, porque el amor es la quinta esencia de la vida.

Lamento profundamente no haberte sabido expresar lo que alberga mi corazón, que ha latido silenciosamente por ti toda mi vida. Tal vez sea demasiado tarde para pedir perdón, pero como el tiempo es relativo, necesito decirte que te quiero y que gracias a ti he llegado a la ¡última respuesta!”

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Categorías: Cultura

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