En 1992 mi vida dio un giro devastador. Me diagnosticaron cáncer de mama con un pronóstico poco alentador. Me sometí a una mastectomía radical seguida de seis meses con quimioterapia. Esto me envenenó y afectó mi salud durante muchos años. Temía por mi vida, no por el cáncer, sino por los productos químicos tóxicos que recibí.

Como transcriptora médica, con frecuencia transcribía informes de pacientes que recibían tratamiento por cáncer y juraba que nunca sometería mi cuerpo a eso. Sin embargo, cuando el médico me dijo que sin la quimioterapia probablemente no sobreviviría más de un año, y que con el tratamiento mis posibilidades podrían ser de cinco años, acepté por el bien de mis dos hijos pequeños.

Patricia con su esposo Alfred y sus hijos Renee y Alan en el barrio francés de Nueva Orleans en 1986. (Cortesía de la autora).

Cada dos semanas durante seis meses seguí un tratamiento con infusiones de medicamentos que supuestamente mataban células cancerosas, pero todas mis otras células sanas también estaban siendo destruidas. Los efectos secundarios fueron devastadores.

Sufría náuseas y vómitos intensos, pérdida de cabello y pérdida de la audición. Mis ovarios quedaron destruidos y me llevaron a la menopausia repentina con todas sus miserias de cambios de humor y sofocos tan extremos que me hacían querer saltar al río cercano para refrescarme. Mi memoria y mi pensamiento estaban deteriorados, lo que es conocido como quimio-cerebro, y mis músculos y huesos me dolían.

Patricia con sus hijos en 1991. (Cortesía de la autora)

Cuando sentí que ya era suficiente, dejé la quimioterapia con dos tratamientos faltantes pero, aún así, no terminaron mis problemas.Aunque después de un año recuperé mi fuerza y ​​mi cabello volvió a crecer, mi audición y aguda memoria nunca volvieron. Me acepté como una mujer de un solo pecho, y debido a los efectos secundarios a largo plazo del tratamiento, a medida que pasaba el tiempo desarrollé osteoporosis temprana, osteoartritis, prolapso del útero y vejiga, como también inmunodeficiencia para la neumonía.

Patricia con su esposo Alfred, sus hijos Renee, Alan y su perro Daisy en 1997. (Cortesía de la autora)

Mi hijo Alan

Lo peor de todo es que Alan, mi hijo de 12 años, fue diagnosticado con una enfermedad mental grave pocos días después de que me diagnosticaron el cáncer. El miedo a perder a su madre agudizó su condición. Entonces, desde este momento, el foco y mi preocupación estaban en él. Tenía un trastorno esquizoafectivo con paranoia, escuchaba voces y tenía depresión con componente bipolar.

Los medicamentos que le recetaron no siempre eran efectivos. Se volvió psicótico y necesitó varias hospitalizaciones psiquiátricas a lo largo de los años. Aunque pudo obtener su diploma de la escuela secundaria, no podía trabajar y era intolerante a la presión y a todo tipo de estímulos del medio ambiente.

Patricia con su hijo Alan, su hija Renee y sus nietos. (Cortesía de la autora)

Un par de veces intentó vivir en un departamento propio, pero no pudo lograrlo, así que vivía en la casa de sus padres. Tenía breves períodos de estabilidad, pero sus altibajos emocionales, seguidos por inevitables crisis, eran como vivir en una montaña rusa.
Aunque era muy comprensivo, mi esposo perdía la paciencia y discutía con Alan, con peleas que a veces daban como resultado una ventana rota o una pared dañada. Luego volvía la calma y todo estaba bien entre ellos. De hecho, mi hijo y su padre tenían un vínculo muy cercano.

A principios de 2016 tuvimos más malas noticias. Mi esposo fue diagnosticado con cáncer de pulmón y se sometió a un tratamiento de radiación. El temor de Alan de perder a su padre dio lugar a estancias más frecuentes en el hospital psiquiátrico, dejándome con el corazón destrozado.

Alan, el hijo de Patricia, su esposo Alfred y su perro Daisy. (Cortesía de la autora)

Los tratamientos contra el cáncer de Alfred lo debilitaron mucho y ya no pudo hacer todos los quehaceres domésticos y trabajos manuales que solía hacer, así que comencé a asumir estas y otras responsabilidades en el hogar. ¿Cómo pude hacerlo? Había envejecido y perdí mi fuerza física y resistencia, y batallaba mucho. ¿Cuánto tiempo podría continuar de esta manera?

Un encuentro mágico cambia mi vida

Toda mi vida anhelaba algo que sentía que faltaba o que había perdido. Estaba buscando algún tipo de conexión espiritual profunda. A menudo me preguntaba sobre la existencia humana y quería saber el significado de la vida.

Fui criada como católica y luego me uní a la iglesia luterana, pero aun así me sentía vacía. Estudié budismo, hinduismo y judaísmo, así como filosofía y psicología, y a todos los grandes clásicos de la literatura occidental.

Pero a pesar de todas estas exploraciones, permanecí ignorante del significado de la vida y de su propósito.

Hasta que a principios de enero de 2015 encontré Falun Dafa, o más exactamente, Falun Dafa me encontró. Este encuentro aparentemente casual, dio a mi vida una dirección nueva y sorprendente.

Estaba leyendo detenidamente el catálogo de programas en mi centro de recreación local en Dublin, Ohio, Estados Unidos, cuando me llamó la atención: “Falun Dafa es una antigua práctica de cultivación de alto nivel guiada por las características del universo: Verdad, Benevolencia y Tolerancia”.
Asistí a mi primera clase y, a la edad de 66 años, comencé a practicar este poderoso sistema de meditación chino transmitido a través de generaciones desde la antigüedad.

Patricia (Izq.) haciendo los ejercicios de Falun Dafa con un grupo de práctica en Dublin, Ohio. (Cortesía de la autora)

De alguna manera, en lo profundo de mi corazón, sabía que esta antigua práctica de autocultivación era infinitamente preciosa. Por lo tanto, comencé a hacer los suaves ejercicios todos los días y sigo diligentemente las enseñanzas establecidas en el libro Zhuan Falun. Las preguntas que me hice toda la vida comenzaron a tener respuesta mientras estudiaba estas profundas enseñanzas.

Pronto comencé a experimentar muchos cambios positivos en mente y cuerpo. Mi dolor de cuello miofascial de una década de duración, como resultado de una cirugía de fusión de disco de vértebras cervicales, desapareció. Mi alto riesgo de neumonía recurrente también desapareció. Ya no era intolerante al trigo, los cacahuates y los productos lácteos. La depresión y la ansiedad de tanto tiempo se disolvieron. Me volví más fuerte.

La práctica de Falun Dafa también llevó tranquilidad a mi hogar. Mi marido y Alan dejaron de pelear y sus discusiones disminuyeron notablemente. Mi hija y mis nietos también parecían cambiar. A medida que Alan se volvía más consciente de su comportamiento, era más capaz de controlarse e interactuar bien con su hermana y sus sobrinos en las reuniones familiares. Por lo tanto, su relación mejoró.

Mi relación con mi esposo, Alfred, también mejoró. Aunque es una persona amable, mi marido es obstinado y puede ser autoritario y parece que no puede escucharme atentamente. Mis discusiones con él siempre ganando, me dejaban muy frustrada. Así que enterraba mi ira y mi resentimiento, lo que me deprimía aún más. Pero cuando ya no discutí y simplemente lo escuché, sin querer exponer mi punto de vista y sin querer controlarlo, empezamos a tener conversaciones adecuadas. A medida que nuestra relación mejora, nos acercamos más.

Un corazón más fuerte y más generoso

En 2016, a los 37 años, mi hijo Alan inesperadamente se suicidó. Esta fue la tribulación más tremenda de mi vida y la agonía me pareció insoportable.

Se dice que perder a un hijo es lo más doloroso en la vida. Experimenté un golpe tan impactante y un dolor tan intenso que probablemente me hubiera quedado totalmente incapacitada o incluso hubiera muerto, si no hubiera estado practicando Falun Dafa.
Por lo tanto, pude aceptar su muerte y dejarlo ir y pronto comencé a recuperarme. En el proceso, comprendí y sentí una profunda compasión no solo por mi propia madre, que había perdido a sus primeros y últimos hijos, sino también por todos los padres afligidos.

Desde el comienzo de mi cultivación hasta el día de hoy, me he estado transformando continuamente. Pude perdonar a los demás por los daños que me hicieron sufrir y admití y lamenté los daños que les había causado a los demás. Me di cuenta de muchas cosas sobre mí que me impedían ser una buena persona y vivir una buena vida.

Parece que me he vuelto menos egoísta y ahora trato de que sea una prioridad ser considerada con todos en todo lo que hago o digo. Todavía cometo errores, pero aprendo de ellos y trato de mejorar en la próxima situación que se me presente.

La vida puede estar plagada de problemas. Diagnósticos recientes y tomografías computarizadas mostraron que el cáncer de pulmón de mi esposo se había diseminado; la radiación no funcionó. Por lo tanto, desde entonces realizamos muchos viajes al hospital para el drenado de líquidos del pulmón, más imágenes, quimioterapia y seguimientos con varios especialistas. Queda por ver si los tratamientos serán efectivos.

Nada de esto está bajo mi control. A través de todas estas pruebas y el dolor de verlo sufrir, solo lo cuido lo mejor que puedo y trato de mantener la esperanza. Eventualmente estaré sola. Tendré más pruebas, tribulaciones y desafíos para crecer y mejorar, siempre teniendo en cuenta a los demás primero.

A veces ahora me encuentro silbando, tarareando o cantando, y sintiéndome feliz. Estoy muy agradecida de ser una practicante de Falun Dafa y de los beneficios que ha traído a mi vida. Todos los días vivo bajo los principios de Verdad, Benevolencia y Tolerancia. A pesar de todo el sufrimiento que he tenido en mi vida, he encontrado la paz interior, la fuerza y ​​la felicidad, algo con lo que nunca había soñado.

Nota del editor:

Falun Dafa (también conocido como Falun Gong) es una práctica de autocultivación basada en los principios universales de Verdad, Benevolencia y Tolerancia, para mejorar la salud, el carácter moral y alcanzar la sabiduría espiritual. Fue presentada al público por el Sr. Li Hongzhi en 1992 en China. Actualmente es practicada por más de 100 millones de personas en 114 países. Pero este pacífico sistema de meditación está siendo brutalmente perseguido en China desde 1999. Para obtener más información visita: faluninfo.org.

Todos los libros, música de ejercicios, recursos e instrucciones para practicar Falun Dafa son completamente gratuitos. Para obtener más información sobre la práctica y descargar “Zhuan Falun”, visita: www.falundafa.org.

Fuente: lagranepoca.com.

La historia de la mujer que padeció años de sufrimiento y logró encontrar la paz interior
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Categorías: Cultura Historias de vida

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