Ciertas montañas y otros lugares son de difícil acceso. No necesariamente porque no se pueda llegar allí, si no más bien porque lo Divino tiene acceso limitado en estas áreas.

Li Fuyan (618-907 d.C.) publicó una historia sobre un sacerdote taoísta que fue llevado a un nuevo mundo dentro de un muro de piedra.

La historia ocurre en la ciudad de Huayin, provincia de Shaanxi, en la era Zhenguan (626-649 d.C.) del Emperador Tang Taizong.

El camino más difícil, el menos transitado

El Sr. Liu era un sacerdote taoísta en el Templo Yuntai. Ofrecía comida vegetariana al público el 15 de enero, julio y octubre de cada año.

Un hombre delgado de tez morena que vestía una túnica suelta de una pieza había participado en estas ofrendas por más de diez años. Cada vez, se sentaba detrás y se retiraba después de comer sin pronunciar una sola palabra.

Liu le preguntó su nombre.

“Soy Zhang Gongbi”, dijo el hombre. “Vivo en la Cueva Este de la montaña Flor de loto”.

Sabiendo que aquél no era un lugar de fácil acceso, Liu le preguntó si podría verlo.

“Por supuesto”, respondió Zhang, “el lugar donde vivo es muy entretenido, le gustará”.

Después de unas 10 millas (unos 16 km), llegaron al final del camino. Después, la caminata se hizo difícil, y tenían que agarrarse de las viñas para trepar por un precipicio empinado. No obstante, Zhang caminaba como si fuera un camino llano. El sacerdote Liu tampoco encontraba dificultades para seguir por el camino.

Un vasto mundo dentro de un muro de piedra

Se detuvieron frente a una enorme roca de unos 6.000 pies de altura (casi 2 km), con un lado tan abrupto que parecía que había sido tallado de una montaña con un cuchillo gigante.

Había un área pequeña, de unos pocos centímetros de ancho, frente a la roca. Zhang golpeó en la roca, y una voz preguntó quién estaba golpeando. Luego de que Zhang dijo su nombre, se abrió una puerta.

Había otro mundo detrás de la puerta.

Cuando el guardián vio a Liu, objetó que el extraño entrara y cerró la puerta.

“Es el sacerdote Liu del Templo Yuntai”, explicó Zhang. “Es mi amigo, por eso lo invité aquí. ¿Por qué no lo dejas entrar?”.

La puerta se abrió nuevamente y entraron.

Extraordinario

“Liu debe tener hambre”, dijo Zhang. “Por favor, prepárale una buena comida”.

El guardián trajo un tazón de agua y agregó una pizca de polvo de una bolsa verde, que le ofreció a Liu. El agua era dulce y sabrosa y después de beberla el sacerdote ya no tenía hambre.

“Le dije a Liu que este lugar era entretenido”, dijo Zhang, “¿por qué no le muestras algo que sea de su asombro?”.

El guardián bebió un poco de agua y salivó al este. De inmediato un dragón verde y un elefante blanco aparecieron en el cielo y bailaron para ellos. Luego, dos aves fénix cantaron hermosas canciones.

Era tiempo de partir, y Zhang mostró al sacerdote el camino de regreso a su templo.

Luego de caminar un rato, Liu miró hacia atrás. Solo vio una piedra.

(Adaptado de El segundo libro de misterios, por el Sr. Li Fuyan. Escrito durante la Dinastía Tang (618-907 d.C.)

Fuente: es.minghui.org.

Historias de la antigua china: Un mundo diferente dentro de un muro de piedra
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Categorías: Cultura Legado divino

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