Mientras Chen Shih-Tsung se sienta en un sofá de su departamento al sur de Taipei, detrás de él descansan en bastidores de madera decenas de miles de dólares en acero de alta aleación, todos de su propia creación. Él es la única persona en el mundo que elabora este tipo de espadas.

Chen es famoso en el mundo de las artes marciales chinas; habiendo crecido con novelas de artes marciales -el equivalente chino a los caballeros andantes- poco a poco desarrolló el deseo de convertirse en un fabricante de espadas de verdad.

Le tomó ocho años y una enorme suma de dinero realizar este sueño. Él es la primera persona en recrear en los tiempos modernos esta clase de espadas que, se cree, fueron utilizadas en la antigua China, y ahora está pasando este arte a sus hijos.

Con más de 60 años, alto, delgado y animado, Chen se sienta al borde del sillón, gesticulando y explicando su vida dedicada a la búsqueda de leyendas transmitidas a través de novelas de artes marciales.

Una búsqueda mística

Chen pasó largos años trabajando en un concesionario de autos usados, amasando silenciosamente su fortuna. Al mismo tiempo, leía vorazmente y viajaba extensamente en búsqueda de la tradición de los espadachines. Las leyendas hablaban de manuales que detallaban las técnicas para construir las infalibles espadas sagradas.

Pero en ningún lado encontró nada específico; durante la Revolución Cultural, los comunistas quemaron muchos de los libros que documentaban tales tradiciones. No obstante, aprendió mucho en general y, con el paso de los años, lentamente comenzó a experimentar por sí mismo el arte de la fabricación de espadas.

Escuchar las historias de Chen es como meterse en algunas de las novelas de artes marciales que él acostumbraba leer. En algún punto de sus tantos viajes descubrió que todas las espadas antiguas se hacían mediante la fundición de meteoritos –lo que ahora es imposible, ya que no caen tantos como hace miles de años, y de todos modos el hombre moderno no sabe cómo hacían los antiguos para convertirlos en espadas.

Chen sonríe al colocar una barra en sus estanterías de espadas pendientes de terminar. (Matthew Robertson/La Gran Época)

También cuenta que las espadas que él fabrica tienen poderes especiales, y que los primeros que le enseñaron cómo fabricarlas fueron unos seres celestiales que lo visitaron en sueños. La primera parte del libro que escribió es “Palabras del ermitaño púrpura de la Escuela Celestial Hao Yuan”. El ermitaño púrpura le explicó el proceso de moldeado de espadas como uno que puede “sobresaltar al universo y conmover a los dioses”. Solamente un maestro puede desactivar los poderes mágicos escondidos en ellas, escribe el ermitaño.

Antes de lograr su primer espada, Chen tuvo un sueño extremadamente vívido. Luces, deidades y seres celestiales se presentaron ante sus ojos en un despliegue de resplandor. Se comunicaron con él sin necesidad de palabras, y le mostraron cómo hacer las espadas. Esa no fue la única vez que tuvo estas visiones.

Cuando estaba en su taller hubo deidades que aparecieron a su lado y le dieron instrucciones. Pero no quiere dar muchos detalles de las escenas, porque según él la gente moderna no lo creería.

A diferencia de los forjadores de espadas de la China feudal, la producción de Chen es considerable. A menudo hace diez espadas de una vez, porque mientras una se enfría él trabaja en la siguiente; cuando el acero de una hoja se calienta mucho con el uso del esmeril, él pasa a la siguiente.

Chen necesita una combinación de aceros de alta calidad para la fabricación de sus espadas. Estas tienen que ser extremadamente fuertes –con una dureza de entre 58 y 65 en la escala Rockwell. Esta escala es comúnmente usada para medir la dureza de los metales, y fue desarrollada en los Estados Unidos a principios del siglo 20. La dureza de un cincel o un hacha comunes oscila entre 40 y 45, esto nos da la idea de la dureza de las espadas de Chen. Estas pueden partir una roca en dos.

El costo prohibitivo de los materiales y de la producción de las barras es uno de los factores por los cuales Chen es la única persona que las elabora. Otros pueden hacer sus espadas calentando manualmente los materiales y luego dándoles forma con un martillo, ya sea a mano o con la ayuda de una máquina, y después las afilan, pero las espadas hechas de esta manera no se pueden comparar con las que Chen produce.

Esto está relacionado con la composición del material. Le tomó ocho años a Chen para dar con la fórmula de sus espadas, y desde entonces no la ha modificado. La espada necesita ser extremadamente fuerte y flexible (durante la entrevista, Chen sacó una espada del armario y la flexionó más de 60º). Las que son calentadas manualmente bajo la llama directa y luego se les da la forma no son tan fuertes como las de Chen, forjadas en un horno de alta tecnología en una moderna fábrica de acero.

Escenario interior

Para fabricar las espadas, el corazón debe estar increíblemente tranquilo, explica Chen. Él se sienta en meditación durante una hora antes de comenzar a afilar. Moldear esta clase de espadas tiene un elemento espiritual y humano irreemplazable. Uno de los pasos más laboriosos en el proceso es convertir las barras de acero en hojas con la ayuda de un afilador giratorio.

Toda la afilación se realiza en un rancho suyo del campo. Al igual que un artista en plena inspiración, él trabaja durante 20 horas seguidas, deteniéndose solamente para comer, tomar agua o ir al baño. En este punto, toda la responsabilidad recae sobre la “sensación manual”, algo que solamente puede logarse con la experiencia.

Todo el proceso debe completarse de una vez. Una vez que se pierde el sentimiento, el artesano no podrá recuperarlo nunca.

La transformación de las barras de acero en espadas requiere una precisión increíble. Si el eje no está centrado o exactamente recto, o si uno de los bordes se corta muy profundo, el trabajo queda arruinado. El calor también puede poner en peligro a la hoja.

Afilar un trozo de metal en una piedra giratoria hace que este se caliente mucho, y el calor causa que el acero se expanda; si la barra se expande mucho se deformará y no servirá para nada. Aquí también el elemento humano juega un papel muy importante, porque no hay una fórmula para lidiar con la expansión térmica en la fabricación de espadas. Esto recae en la habilidad y la experiencia, que toman años de práctica.

Chen Shih-Tsung explica la reacción química crucial para el éxito de la fabricación de la espada. (Matthew Robertson/La Gran Época)

Afilar la espada es solamente la mitad de la historia. Después del pulido, el lustrado, y de darles un mango y una vaina, comienza otro proceso. Esto es lo que hace que una espada valiosa se transforme en una invaluable.

Cada día, el espadero debe frotar la espada con un paño. Esto genera calor, y la estructura molecular del acero cambia con el calor causado por la fricción. Dos o tres años frotándola diariamente estabiliza la estructura del acero; comienzan a haber reflejos azules en la superficie. En ese momento la espada ya no se oxidará, y ya no hace falta más mantenimiento.

La fricción funciona debido a un simple principio químico. “Los materiales de hierro y acero se oxidan al entrar en contacto con el aire porque el aire tiene humedad”, explica Chen. “El metal absorbe la humedad del aire a través de los poros y luego la combina con el cristal del metal, lo que provoca un cambio químico que causa el óxido. Diciéndolo de otra manera, el hierro y el acero no se oxidan si no tienen poros”.

La única manera de deshacerse de los poros es frotar el acero hasta que se caliente, provocando que la pequeña cantidad de aluminio en él se derrita. Ya que el aluminio tiene un punto de fusión bajo, saldrá a la superficie y se derretirá, tapando los poros. Toma muchos años conseguir esto plenamente.

Chen está en el proceso de enseñar a sus hijos cómo afilar espadas y dejará sobre ellos la responsabilidad de continuar la tradición.

Es una gran carga. La tradición de fabricar espadas significa mucho para Chen. “El valor de una pieza maestra no puede calcularse en términos monetarios”, explica. “Es un tesoro invaluable que deben heredar las generaciones futuras para que lo admiren y aprecien”.

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Categorías: Cultura

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