Esta es la segunda y última parte del artículo “El enigmático mundo de los sueños”. Lea la primera parte en El enigmático mundo de los sueños.

La vida es un sueño

A pesar de haber soñado miles de veces, está garantizado que en el próximo sueño tampoco te darás cuenta de que estás en un sueño. En los sueños normales, por más extravagantes que sean, todo se siente real hasta que uno se despierta.

¿Y qué pasa si uno sueña dentro de un sueño? Si la vida en los sueños es tan real como se ve en aquellos momentos, los ‘yo’ en esos espacios también podrían tener días y noches, y asimismo dormir; pero, tal como en la vida tangible, aquellos sueños dentro de sueños se diluirían y parecerían efímeros mientras se esté “despierto” en el sueño.

La ciencia moderna ha podido comprobar que lo que parecen días, meses o incluso una vida en los sueños, todo transcurre en el lapso de unos pocos minutos del cuerpo dormido en este espacio físico. En efecto, toda una vida puede transcurrir en cuestión de minutos, y hasta más vidas si consideramos los sueños dentro de los sueños. Partiendo de la comprensión de los sueños como vidas de diferentes ‘yo’ en distintos espacios, así como de la existencia material de los pensamientos en otro espacio, esto encuentra su explicación precisamente en las diferencias entre los tiempos de esos espacios-tiempo.

Una manera simple de comprender un tipo de diferencia de tiempo es poner a un jugador de básquet y a un enano abriendo los brazos uno al lado del otro. Si el jugador de básquet quisiera abrirlos al mismo tiempo que el enano, sentiría que debe hacerlo muy rápido; mientras que para el enano significaría abrirlos lentamente. Lo mismo ocurriría al adentrarse, por ejemplo, en el mundo de un átomo. Desde este espacio se percibe que un electrón viaja a varios miles de kilómetros por segundo al girar alrededor del núcleo atómico; una velocidad inconcebible. Pero si uno entrase en esa dimensión y adquiriese un tamaño como si fuese un individuo en ese “planeta” –que sería el núcleo atómico–, probablemente vería al electrón trasladándose lentamente tal como se ve la Luna desde la Tierra.

Por lo tanto, durante el sueño las cosas transcurren normalmente según el tiempo de ese o esos espacios, y como la conciencia se encuentra allí, se percibe de esa manera hasta que el cuerpo despierta; recién entonces parece como si todo hubiese pasado muy rápido.

Entonces, si durante un sueño no se sabe que se está en un sueno, y si durante un sueño dentro un sueño tampoco se sabe que se está en un sueño, cuando se “despierta” de la vida tangible después de morir, la conciencia ya estará en otro espacio y esta vida que vemos como tangible y larga también se percibirá como un sueño fugaz. Cuando uno piensa en lo prolongado que puede ser el ciclo de las reencarnaciones en este plano, quizás, al final, resulte no ser tan prolongado. Pero el breve lapso de tiempo de vida en este espacio es sumamente valioso, pues aquí se encuentra el espíritu original, y es aquí donde puede purificarse y cultivarse dentro de la ilusión –donde se muestra la naturaleza real del espíritu– para regresar a su espacio original.

Por eso, la frase “La vida es un sueño” no es una mera metáfora literaria, sino más bien una verdad precisa que ayuda a entender la vida humana. La clave es cómo aprovechar la oportunidad del ciclo de la reencarnación –o llámese el ciclo de “sueños” en este espacio– para regresar a la vida verdadera fuera de la ilusión.

Cuando un sueño no es un sueño

En los sueños normales, los sucesos son muy difusos; se intercalan muchas escenas y escenarios que se reflejan desde otros espacios como mensajes fugaces. Esos sueños se diluyen fácilmente al despertar y sólo recordamos fragmentos hasta que desaparecen totalmente de la memoria, porque no tienen relación directa con nosotros (con el espíritu original, la conciencia lúcida).

Pero hay casos especiales en que el sueño se vive en plena conciencia y sí lo recordamos claramente luego de despertar: la escena, las conversaciones, los detalles de los colores, del lugar, de los hechos, etc. En estas situaciones, es el espíritu original el que realmente vivió algo. ¿Bajo qué circunstancias se dan estos sueños?

Frecuentemente, en este tipo de sueños, el espíritu original recibe algún mensaje o encargo de otras vidas desde otros espacios. Pueden ser parientes ya fallecidos que pretenden dejar algún testimonio; o un ser celestial o deidad que da un mensaje para evitar algún peligro, o también pueden ser santos que dan alguna guía para la iluminación o la comprensión de un asunto en particular a alguien que se cultiva espiritualmente. Relatos sobre este tipo de episodios abundan en antigua China y, como se menciona al comienzo de este artículo, se les daba suma importancia, especialmente en el entorno de los emperadores.

Foto: Pixabay

Aun más relevantes para la historia humana han resultado las incursiones de ángeles en los sueños. Registros históricos, especialmente religiosos, dan cuenta de ángeles utilizando los sueños para trasmitir mensajes divinos con el fin de salvaguardar el curso de los mandatos divinos. De esta clase hay muchos ejemplos en la Biblia.

Uno de los más conocidos en el mundo occidental es cuando un ángel encargó en un sueño a José que tomara a María como esposa. En el Nuevo Testamento, evangelio de Mateo, está registrado que cuando María quedó embarazada de Jesús por obra del Espíritu Santo, José quiso cancelar el casamiento. Entonces, un ángel se le apareció a José en un sueño y le dijo: “José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer, porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es. Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados. Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta”.

La Biblia también cuenta que después del nacimiento de Jesús, los tres Reyes Magos de Oriente llegaron para adorarlo; la ansiedad invadió a Herodes, el rey de los judíos, quien ordenó matar a todos los bebés en Belén para eliminar a Jesús. Entonces, un ángel encomendó a José a través de un sueño que llevase a María y a Jesús al país vecino, Egipto, para salvar al bebé. José acató, y la familia recién volvió Israel tras la muerte de Herodes.

Ya que al dormir el espíritu original suelta las riendas del cuerpo, puede interactuar con elementos de otros espacios; entonces el reino de los sueños resulta en un puente de comunicación directa o indirecta con lo “intangible” y hasta con lo divino en circunstancias especiales. En este último caso, al despertar, los sueños siempre dejan un significado claro, nítido y muy importante.

Por lo tanto, los sueños, cualquiera sea la clase, son una parte importante e indispensable de la vida. La vida “real” y la vida de los sueños constituyen una vida íntegra, y ambos lados se influyen mutuamente; esta es una de las razones por las que los antiguos daban tanta importancia a los sueños. Ahondar sobre la existencia, los interrogantes y los legados de los sueños, más allá de las respuestas que se barajen, ayuda recordar que existe un amplio universo en el ser humano más allá de su escasa percepción; que la vida “real” puede ser tan fugaz como un sueño y que, en el camino de vida en vida, de sueño en sueño, no hay que apegarse a los límites preceptivos o conceptuales y, en cambio, recordarse siempre cultivarse y buscar la verdad para llegar a un verdadero “despertar”.

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Categorías: Cultura

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