La música es un componente cultural que se entrelaza en las entrañas de una sociedad, y sus estilos no solo describen el espíritu de esa sociedad, sino que también lo tallan.

En el tiempo antiguo, en particular en la cultura china, el carácter de los músicos clásicos se centraba en el balance; ellos se cultivaban para tranquilizar sus corazones, y su salud también era buena. Ahora, al contrario, los intérpretes de los estilos modernos, como el ‘rock and roll’ y tantos otros, buscan encarnar un temperamento descontrolado, a veces agresivo; no emiten buena energía; su música suele estar enlazada con fuertes vicios, como la drogadicción, y su salud suele ser pobre.

Las drásticas diferencias entre las armonías clásicas y tradicionales frente a los ritmos y todo tipo de estilos de las “músicas modernas” del último siglo han generado un debate generacional, muchas veces dentro de la misma familia, entre padres e hijos o abuelos y nietos en torno a la pregunta: “¿a qué puede llamarse ‘música’?”. Este debate, que parece haber perecido ante las costumbres impuestas por las modas y el paso del tiempo, tiene, sin embargo, una connotación de crucial relevancia desde la perspectiva de la sabiduría antigua china para este periodo particular de la historia humana. Pues, de acuerdo con la sabiduría antigua, la música, según su carácter, puede liberar o enterrar la naturaleza humana.

Pero, entonces, ¿puede cualquier sonido rítmico llamarse música? ¿Qué es lo que hace “música” a un sonido? La búsqueda de sendas respuestas lleva a adentrarse aun más en la esencia de la cuestión: ¿qué es la música, de dónde viene y cuál es su función en la humanidad?

“La música es similar, pero diferente al sonido”, señala el libro clásico Tue Ji’ (Registro de la música), que, se dice, fue escrito por un discípulo de Confucio, aunque su autoría concreta permanece en la incertidumbre.

El mismo libro explica que sólo cuando un sonido está asimilado a los principios del universo, puede llamarse música. El camino de asimilarse a los principios del universo, tal como confluyen las distintas escuelas tradicionales de cultivación espiritual, es el camino de elevar la moral; y el universo asigna a la música una función en este sentido: “La buena música vuelve buenas a las personas; la mala música las vuelve malas”, enseñó Kong Yingda, erudito de la Dinastía Tang.

Imagen ilustrativa

En la antigüedad, los sabios chinos decían que de las numerosas obras musicales, solo aquellas capaces de resonar en línea con las más altas leyes celestiales pueden llevar el nombre de “música”.

¿Por qué es estricta la calificación de ‘música’ y no relativa a la subjetividad humana?

Una cultura dejada por los dioses

Distintas vidas y objetos tienen manifestaciones en los diversos espacios del universo y siguen patrones relacionados con aquellas manifestaciones. Al mismo tiempo, siendo los humanos creados por los dioses, las culturas humanas tradicionales (no las modernas basadas en el ateísmo) son dispuestas también por los dioses, y muchos aspectos de ellas son manifestaciones de mundos celestiales en el mundo humano. Así es la creencia en la cultura tradicional china, que considera al arte, en particular, como un medio de revelaciones divinas en el mundo humano; tales revelaciones se manifiestan a través de inspiraciones divinas de artistas cultivados espiritualmente. Abundan, en este sentido, las obras de arte que muestran a figuras divinas tocando instrumentos musicales. En la cultura tradicional china se entiende que la música celestial hace felices a los dioses.

La música tiene conexiones con otros aspectos del universo y formas de existencia en otros espacios más elevados. Por supuesto, la música en el espacio humano no puede ser igual a aquella en los incontables niveles celestiales. Existe un relato que habla de un dios que quiso tocar la flauta en un barco en el mundo humano. El primer soplido provocó que todo el mundo quedara en silencio. Tras el segundo soplido, el mar se volvió turbulento y grandes olas azotaron las playas. Con el tercer y cuarto soplidos, el mar se secó y las rocas se derrumbaron. Un soplido más, y la flauta preciosa se rompió. ¿Por qué? Desde el ángulo de la sustancia, se dice que los mundos, cuerpos y ambientes de los dioses se componen de materias más finas que las moléculas del mundo humano. La ciencia actual ha descubierto que cuanto más fina es la materia, más poderosa es su energía. Desde la perspectiva espiritual, cuanto más fina es la materia, más elevada es, más poderoso es el ser, y mayor es el nivel de belleza y sabiduría. La materia en el mundo humano no puede manifestar la belleza y cualidades de aquello que está compuesto por materia más fina; la materia más fina se manifiesta a veces en el espacio humano como formas de energía.

Pero existen relatos de cultivadores espirituales que han escuchado música celestial. Al igual que con la cultivación se puede llegar a abrir el ‘tianmu’ (ojo celestial) de la persona, también puede abrirse el oído celestial. Los relatos hablan de que para poder escuchar, el cultivador también requiere la capacidad de corregir la diferencia de tiempo entre los distintos espacios. Existen muchos relatos que hacen referencia a estas diferencias de espacio-tiempo. Además de los cultivadores espirituales, otros testimonios de haber escuchado música hacen referencia a sueños o a “experiencias cercanas a la muerte” en ambos casos, las experiencias se desarrollan en otro espacio-tiempo.

Wolfgang Amadeus Mozart

Entonces, cuando la música en el mundo humano sigue las normas tradicionales o el maravilloso legado de la música clásica, en particular cuando su creador tiene alta moral o cuando la obra surge de la inspiración de un cultivador espiritual, el encanto y la belleza de la música dan la sensación de una realidad perfecta; una sensación de felicidad o plenitud que no puede generar la satisfacción de cualquier deseo terrenal; puede provocar la melancolía de evocar aquel reino más elevado, la armonía de la naturaleza o aspectos de la belleza del alma humana; de cualquier forma, el oyente la encontrará extremadamente atractiva y placentera. Recién entonces puede cumplirse el propósito de la música, que es la armonización del estado humano.

Las cualidades esenciales

El libro clásico ‘Registro de la música’ enseña que “Un hombre noble escucha música para aprender los buenos valores; un hombre bajo utiliza la música para satisfacer sus deseos”. Y aquí yace prácticamente la diferencia entre los estilos modernos y la música tradicional o clásica que armoniza con las características del universo.

¿Cuáles son entonces las cualidades que hacen de la música una vía para elevar los valores y producir un estado armonioso?

Confucio creía que los valores artísticos más altos de la música son la “compasión” y la “belleza”. Él promovía que la música bella debía ser capaz de expresar “la felicidad, pero sin exceso; la pena, pero sin dolor”. La esencia de la música bella es la moderación, enmarcando una naturaleza buena y gentil. Tal música puede cambiar una mala tradición y guiar a la gente hacia la compasión. El estilo es humilde y tranquilo. Es completamente opuesto a la música sofisticada de estilo extravagante que persigue efectos en las sensaciones.

En la práctica, una hermosa pieza musical de estas características puede suprimir pensamientos humanos negativos y hacer que podamos escuchar con el corazón, sin distracciones. Una armonía tal sólo puede lograrse a partir de la manifestación de la belleza de la naturaleza humana. Esta belleza es en realidad la naturaleza divina del ser humano, que se obtiene a través de la cultivación del alma, la eliminación del egoísmo y de los hábitos y pensamientos sucios; justo al contrario de la tendencia de hoy. Por lo tanto, el proceso de componer música real es el de cultivar el alma de uno.

¿De dónde viene la música y cuál es su función en la humanidad?
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Categorías: Cultura

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