Las respuestas de la antigua sabiduría china a las preguntas eternas del hombre.

Probablemente por la falta de una respuesta firme y simple a “de dónde venimos” y “a dónde vamos”, preguntas que la ciencia no puede contestar, la humanidad está perdida en una sociedad que se deteriora cada día y, consecuentemente, tanto los jóvenes como la gente mayor, recurren cada vez más a actos irracionales y violentos.

Matanzas inconcebibles podrían evitarse, si cada uno tuviera claro cuál es el propósito real de la vida, que en realidad no es la riqueza, el gozo, el progreso tecnológico, ni demás metas que conllevan avaricia, celos, deseo de poder, etc., los cuales, a su vez, son los factores que culminan en los sufrimientos ocasionados por la violencia entre personas o entre países y todo tipo de males; incluso ya ni el amor, es digno de ser el propósito de la vida humana.

Si el hombre supiera que este mundo es el paso en el que tenemos que esforzarnos para alcanzar algo grandioso e infinito, esto, lo ayudaría a atesorar todas las vidas: la propia y la de cada persona. Así, el mundo humano seguramente sería pacífico y vacío de agresividad y violencia.

En nuestra búsqueda, hemos encontrado que la historia de la antigua cultura china, responde con creces este punto y asimismo nos brinda una meta maravillosa para alcanzar.

Vale recalcar que, a pesar de la violenta aniquilación de esta cultura antigua por el Partido Comunista Chino desde que asumió al poder -cultura de 5.000 años que siempre se creyó tradicionalmente que fue transmitida por dioses-, el espíritu que resultó de esta creencia, sigue en el corazón del pueblo chino y de los pueblos de todas las regiones alrededor.

Al compartir la historia china con nuestros lectores, tenemos la esperanza de que este “cuento chino”, que es en realidad la verdadera sabiduría antigua, pueda conducirlos a un discernimiento sobre el propósito de la vida humana en la Tierra, que podría resultar en un enderezamiento del desarrollo humano y un valioso agregado de significado a la vida terrenal.

Según la sabiduría china, la Diosa Nü Wa creó seres humanos. También les impartió sabiduría y sentó las bases para que desarrollen la cultura humana de manera que puedan proceder a mejorar sus vidas. (SM Yang/La Gran Época)

La Creación

Según cuenta la historia tradicional china, la Diosa Nü Wa creó seres humanos. También les impartió sabiduría y sentó las bases para que desarrollen la cultura humana de manera que pudieran proceder a mejorar sus vidas.

No importa cuántas culturas existan en el mundo y tampoco importa cuán lejos estén unas de otras, todas tienen una historia común: que Dios creó al hombre. La historia de la antigua cultura china también enseña que hace mucho, mucho tiempo, el hombre fue creado en la Tierra a la imagen de Dios y dicha creación fue realizada no sólo una vez, sino en distintas épocas. Dado que esta antigua creencia contempla la existencia de múltiples e infinitos dioses, distintos dioses crearon al hombre a su imagen, por lo tanto surgieron las distintas razas de los seres humanos.

Pero, ¿por qué los dioses crearon al hombre a su propia imagen? Hay una enseñanza que da respuesta a esta pregunta y que al mencionarla, se podría estar divulgando un secreto celestial, pues es algo que el hombre no sabe, e incluso, podría no creerlo. Esta enseñanza, ha sido ignorada por el hombre durante muchos milenios, permitiendo con eso, que éste creyera más y más en la ciencia y en las cosas que sólo puede ver con los ojos físicos.

Según nos muestra la historia de la sabiduría china, el cosmos está compuesto de infinitas capas, niveles o dimensiones llenos de vidas y desde antes de la creación del hombre, en tiempos remotos, existía en el cosmos entero el Fa o Dao (la Ley o Camino) para todas las vidas y dentro de este Fa, existe la ley del ciclo de formación, asentamiento, degeneración y destrucción.

Cuando el cosmos entero llegó al final de la etapa de la degeneración, muchos dioses en las distintas capas vieron el terrible resultado que tendría lugar en el último estrago: la destrucción. Estos dioses estaban muy preocupados pues todos querían salvarse a sí mismos.

Los seres iluminados (en chino se los llama Fo, palabra que proviene de los vocablos hindúes “Fo Tuo”, “ser iluminado”) o dioses, existen en una infinita escala de niveles altos y poseen capacidades que el hombre no tiene. Estas vidas crearon al hombre sobre la Tierra, como un elemento de suma importancia para realizar su plan: salvar el cosmos de la destrucción definitiva.

Ellos establecieron un espacio llamado ‘Tres Reinos’ -constituidos por el inframundo, la Tierra y los Cielos. En la Tierra, este espacio de los ‘Tres Reinos’, existen las vidas que no son dioses (los humanos y otros tipos de existencias vivientes).

El Plan de Salvación, la preparación del hombre

Según la sabiduría tradicional, cuando el ser humano fue creado por primera vez sobre la Tierra, su concepto y entendimiento de las cosas era incompleto; era simplemente, un cúmulo de nervios y de impulsos, sin capacidad para comprender el universo.

El hecho de que hoy la gente pueda actuar más racionalmente y tenga otra concepción del universo, sin que entre en pánico al encontrarse con cualquier cosa y pueda mantenerse serena y calmada, que piense racionalmente e incluso tenga creatividad, es el resultado de que los dioses crearan intencionalmente bases para el pensamiento y el comportamiento de los humanos a lo largo de la historia, durante un período de tiempo increíblemente largo.

Esto no era algo que se podía hacer en tiempo corto, así que transcurrieron millones de años.

En el proceso, la capacidad del hombre para entender este mundo estaba creándose continuamente y continuó hasta hace cinco mil años. Al llegar a este período de tiempo empezó la normalización sistemática de la mente humana, para que pudieran aceptar conceptos.

Casi sin excepción, todos los pueblos antiguos creían que la vida no termina y no se limita a vivir sólo unas décadas en la Tierra, porque la vida es infinita y la reencarnación en el plan divino de la salvación del cosmos, es para que el hombre tenga suficiente tiempo para mejorarse y desarrollarse.

Después de la muerte terrenal, uno se va a distintos niveles en el Cielo -siempre dentro de los “Tres Reinos”- donde espera el tiempo para volver a reencarnarse en la Tierra, naciendo en la matriz de una mujer; de esta manera, el hombre se mejora durante cada vida.

La red de predestinación es muy complicada y sigue la ley de retribución de: “bueno para lo bueno y malo para lo malo”.

Entonces, la historia de la sociedad humana, se presenta como una obra de teatro y el escenario de esta obra teatral se encuentra en el lugar que hoy se llama China.

Hace más de dos mil años, cuando el hombre ya estaba preparado para aprender más, comenzaron a bajar a la Tierra distintos dioses para enseñar y forjar a los humanos.

Podemos decir entonces que, tras descender, seres iluminados como Sakyamuni, Lao Zi, Jesús y otros, tanto en Oriente como en Occidente, descendieron y dejaron sus enseñanzas en regiones específicas sobre qué son la fe, la lealtad, la confianza, el coraje, la moral y qué significa la cultivación espiritual para el hombre.

Siguiendo las enseñanzas de estos diversos grandes seres celestiales que bajaron a la Tierra con esta misión, la espiritualidad del hombre se fue enriqueciendo. A lo largo y ancho del Globo, el hombre se desarrolló en base a la fe en lo divino.

El segundo paso de la historia de la humanidad: el descenso de los grandes seres

Entonces llegó el momento en que el plan de la salvación por parte de las vidas altas empezó. El mundo terrenal cumple la función de una ‘escuela’. Las vidas superiores que se habían corrompido debían bajar a la Tierra para allí purificar su ser y después ascender nuevamente.

Cada ser humano, sea rico o pobre, hombre o mujer, debe pasar por la purificación, que se realiza por medio del nacimiento, el envejecimiento, las enfermedades y la muerte, que es paralelo a la formación, asentamiento, degeneración y destrucción del cosmos. Atravesar los sufrimientos en la vida terrenal sirve para mejorarse y limpiarse, esperando el día de regreso al origen y a la verdad.

El propósito antedicho para la vida terrenal, es el tema central de esta obra de teatro y las ocurrencias en las vidas de todos los seres conscientes, giran alrededor de este tema central. La Tierra es como un hotel, donde uno se queda sólo por un corto tiempo y después tiene que salir.

Así fue como, según una leyenda budista, comenzó un descenso masivo de seres celestiales, atravesando capas y capas de universos y en cada una de ellas asumiendo la forma de vida de esa capa. Cuando llegaron a la dimensión de las partículas que conforman la Tierra, se pusieron estos “abrigos” que son los cuerpos de los primeros hombres. Se dice que al morirse, estos dejaron de reencarnarse y sus espíritus principales han permanecido en un cierto espacio dentro de los “Tres Reinos”.

Así, los cuerpos carnales de aquellos primeros seres humanos fueron dados a estos seres divinos que bajaban ansiosamente a la Tierra. Los seres divinos son representantes de cuerpos cósmicos muy distantes, representan a incontables seres conscientes de allí y vinieron aquí para formar relaciones predestinadas. Al formar una relación predestinada en una dinastía, dejaron atrás la cultura que trajeron consigo.

Después de formar su relación predestinada, en la siguiente vida reencarnaron en otras regiones – las que más adelante se convirtieron en los distintos países – para esperar el día del fin de la obra. Cada dinastía fue así y cada grupo étnico en el mundo ha bajado y reencarnado una vez en esta región llamada “Zhong Guo”, el “Reino Central” (China). Después se reencarnaron en lugares donde todavía había tierras indomadas. Así, la gente se reencarnó esparciéndose por todo el mundo. Entonces, sí hay aquí, algo de verdad, como dice el dicho chino, entre los humanos sobre la Tierra, “alguna vez fuimos familia”.

Zhang Guolao, el daoísta inmortal que montaba su burro de espaldas al frente, debido a que ya en esos tiempos creía que la moralidad de los seres humanos ya había descendido (Yeuan Fang/La Gran Época)

El descenso de los seres, uno de los principales actos del espectáculo de esta larga obra teatral, que empezó con la creación del hombre, fue el primer acto. La segunda parte empezó con las dinastías en China después de Huan Di, el legendario emperador, hace alrededor de 2.600 años, considerado el primer ancestro de la civilización china. Es como una cortina que se abre y los pertenecientes a una dinastía empiezan a actuar. Cuando llega el final de dicha dinastía, la gran cortina se cierra, luego se abre otra vez, con una nueva dinastía en el escenario que ha reemplazado a la vieja.

Dinastía tras dinastía, una tras otra, los seres iluminados vinieron en fila de esta manera, formaron relaciones predestinadas, dejaron atrás historia y legaron las culturas heredadas por la humanidad, actuando en una escena tras otra.

Durante millones de años, los dioses llevaron a cabo cuidadosos arreglos sobre la Tierra, uno tras otro, con la esperanza de poder cambiar el destino de la aniquilación; pero los dioses de este viejo cosmos, se olvidaron de que este cosmos se había desviado hacía tiempo de las características del universo, que debe tener únicamente la verdad, la misericordia y la gran tolerancia, así que ningún arreglo podría separarlos de aquel destino de destrucción.

Asimismo, la gente sobre la Tierra, durante todo el largo período de desarrollo de la humanidad, ensimismada con los conflictos y los enfrentamientos que fueron actuados en los detalles de esta obra teatral, lentamente se ha olvidado de cuál es en realidad el tema central de la obra, se ha olvidado de cuál es el propósito de la existencia humana.

Lo terrible es que con este cuerpo carnal, al hombre no se le permite ver esta verdad y todos aquellos que han bajado tienen que regresar en la ceguera. A través de miles de años de reencarnaciones, del tiempo de vida tras vida, distraídos en las intrigas y la violencia del mundo humano, gradualmente todos los grandes seres que bajaron se perdieron en el mundo de los mortales. Durante la espera, cometieron acciones negativas inconscientemente y se hundieron en el mundo humano de la avaricia, del egoísmo, de la lujuria, del odio, del engaño y de las matanzas, olvidándose de dónde vinieron; como consecuencia, ya no tienen claro el camino de regreso.

Pero también ha bajado el gran Señor de los Dioses. Él durante todo este tiempo ha estado esperando el último acto del plan para hacer la salvación verdadera. Y aún están aquellos que no se han olvidado del propósito de la vida humana; ellos luchan contra la maldad para mantenerse rectamente en el camino de retorno, mientras buscan por todo el mundo a todos aquellos que se han perdido, para despertarlos.

El nuevo Fa

(Minghui.org)

El extraordinario y misericordioso gran Señor de los Dioses, el gran Maestro, un Dios desconocido por todos los demás, también descendió a la Tierra como hombre. Pero ya desde antes, Él sabía que para realizar una salvación efectiva, había que perfeccionar las reglas y las normas del cosmos y crear para los incontables colosales firmamentos un nuevo Fa, una nueva Ley del cosmos con sabiduría y principios que armonizaran y que nunca más desaparecieran. Él atesora a las vidas originales del cosmos y por eso, decidió descender personalmente desde el cenit del colosal firmamento, bajando nivel por nivel para rectificar el Fa del Cosmos en el lugar más bajo, la Tierra…

Pero Él sabía que en el momento del comienzo de la rectificación de la Ley del Cosmos, seguramente habría interferencia de la maldad del universo que también había bajado al mundo humano. Antes de bajar, Él preguntó a los incontables dioses, “¿Quién me seguirá, abandonando el glorioso halo divino, y bajará al mundo humano para rectificar el Fa del Cosmos en el último período de la humanidad?” En ese momento los dioses titubearon. Ellos sabían claramente que, sin excepción, desde la antigüedad hasta el presente, nunca una vida que descendiera al mundo humano había regresado.

Sin embargo, un grupo de dioses dio un paso adelante. Ellos se arrodillaron frente al gran Maestro y firmaron un juramento divino. Dioses e incontables seres en el Cielo derramaron lágrimas de emoción y de admiración y pusieron sus inmensurables esperanzas en estos seres iluminados, anhelando que ellos volvieran y los salvaran.

Antes de partir, se imploraron entre ellos mismos que cuando la rectificación del Fa del Cosmos comenzara, si alguno de ellos se perdía entre los humanos, había que despertarlo sin falta e indicarle el camino a casa. Entones vinieron al mundo humano estas vidas altas, una tras otra, bajando capa por capa y finalmente nacieron como humanos.

Una dinastía de emperadores, una dinastía de sujetos, dinastía tras dinastía enlazándose las relaciones predestinadas, caminaron hasta el último acto guiados por el gran Maestro. Comenzando sobre el escenario de Zhong Guo, la “Tierra del Centro”, (que después de un largo tiempo se pasa a llamar China), los seres iluminados que bajaron al mundo humano, crearon la historia humana y establecieron la cultura para que la gente pudiera entender el Fa del Cosmos. Después se reencarnaron por todo el mundo, reemplazaron a los primeros hombres creados y así, generación tras generación, hasta el día de hoy, todos en el mundo humano han bajado del Cielo: así que cada uno de nosotros, fue una vez un gran dios…

La historia, pues, ha llegado hasta hoy y, según profetiza la sabiduría china, todos entonces hemos venido originalmente del Cielo. Algunos caímos, otros vinimos con misiones: unos con el objetivo de mejorarse y otros, provenientes de mundos inmensos y lejanos en estado de deterioración, que vinieron para rectificarse a sí mismos y a su vez a su mundo. Hasta los grandes señores y los grandes reyes del cielo necesitan pasar por esta limpieza sobre la Tierra y vinieron como representantes de sus mundos para ayudar a salvarlos. El día en que el hombre realmente pueda volver habrá de ser el último acto de esta obra terrenal.

Todos los planes deben tener un final, estamos viviendo en el último período de este plan y, cuando llegue el final, todas las vidas serán juzgadas para ver si pueden volver o no, habrá un gran reordenamiento del cosmos y del mundo humano y un nuevo Cosmos será.

Y los seres iluminados que bajaron con solemnidad regresarán con gloria. Capas sobre capas de vidas en el nuevo Cosmos, recordarán y agradecerán por siempre la vasta bondad de la rectificación de la Ley del Cosmos que concluyó sobre la Tierra. ¿Cuándo acontecerá este grandioso espectáculo? Esto no está dicho, pero si creemos en este relato, debemos esperar que ocurra lo antes posible, pues, ¿hasta qué punto podrá seguir deteriorándose el comportamiento humano, por el hecho de haberse olvidado del verdadero significado del paso por esta vida sobre la Tierra?

Artículo publicado originalmente en la revista 2013 y más allá y republicado con autorización.

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Categorías: Cultura Legado divino

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