Los antiguos chinos creían que cuando la virtud del gobernante no está a la altura, ocurren los desastres naturales y que ser funcionario no es para uno mismo, sino para los demás.

Según esta tradición, si un funcionario vive por la gente, estremecerá al Cielo y a la Tierra y traerá prosperidad para su pueblo. Bajo el mismo principio, el origen de los desastres naturales -ya sea una invasión de langostas, sequías o terremotos- radicaba en que : “La virtud del Emperador no está a la altura de su posición”.

Los monarcas debían llevar atuendos sencillos, mantenerse distantes de los lujos del palacio, ayunar y abstenerse de diversiones. Asimismo debían reflexionar sobre sí mismos y cultivar la virtud.

Algunos antiguos emperadores chinos eran considerados responsables de todos los desastres y calamidades sufridas por el pueblo, entonces pedían perdón a sus súbditos a través de edictos imperiales por su “administración inapropiada”.

Estas creencias concordaban con las antiguas reglas para el gobierno de tomar la ley del Cielo como guía para gobernar. Los funcionarios actuales deberían aprender un poco de los antiguos ¿no te parece?

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