Los antiguos chinos creían que si un monarca vive por la gente, estremecerá al Cielo y la Tierra, y traerá prosperidad para su pueblo. Bajo el mismo principio, el origen de los desastres naturales -ya sea una invasión de langostas, sequías, terremotos o impactos de meteoritos- radicaba en que : “La virtud del Emperador no está a la altura de su posición”.

Los monarcas debían llevar vestidos largos y blancos por la mañana, mantenerse distante de los lujos del palacio, ayunar, abstenerse de diversiones, así como muchos otros comportamientos tendientes a lograr la autoreflexión, el mejoramiento espiritual y la cultivación de la virtud.

Algunos antiguos emperadores chinos eran considerados responsables de todos los crímenes humanos y de todos los desastres y calamidades sufridas por el pueblo, entonces pedían perdón a sus súbditos a través de edictos imperiales por su “administración inapropiada”.

Estas creencias concordaban con las antiguas reglas para el gobierno y la administración de tomar la ley del Cielo como guía de gobierno, la virtud como la fundación de la administración y la comprensión de que la moralidad de un gobernante debe conformarse a las exigencias del Cielo.

Cheng Tang era un rey virtuoso y benévolo, luego de derrotar al tirano Jie de la Dinastía Xia fue el primer Emperador al establecer la Dinastía Shang en el año 1766 a.C.

Durante la Dinastía Xia, siendo Cheng todavía un señor feudal, se fue de excursión y vio a un cazador que extendía sus redes en cada una de las cuatro direcciones rogando al Cielo “que en cada una de las cuatro direcciones todas las aves en el cielo y todas bestias sobre la tierra sean capturadas en mis redes”.

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Viendo la escena, Cheng Tang suspiró y dijo, “Actos tan crueles como extender redes en las cuatro direcciones para atrapar a todas las aves y bestias vivas, son iguales a los del tirano Jie de la Dinastía Xia”.

Cheng Tang le ordenó al cazador retirar sus redes en tres direcciones, cubriendo una sola dirección. El cazador modificó entonces su oración, “Que todas las criaturas salvajes sobre la izquierda, escapen más hacia la izquierda. Que todas las criaturas salvajes sobre la derecha escapen más hacia la derecha. Que todas las criaturas salvajes que vuelan en los aires se eleven más alto. Que todas las criaturas salvajes en la tierra escapen hacia más abajo. Dejen que sólo las criaturas salvajes destinadas a morir entren a mis redes”.

Cuando el señor feudal de Han Nan oyó esta historia, elogió al virtuoso Cheng Tang por lo que había hecho, “Cheng Tang es tan virtuoso como compasivo hacia las aves y fieras. ¡No sólo los hombres reciben la benevolencia de un rey!”

Este es el origen de un famoso proverbio chino: “Extienda su red de un solo lado”, que hoy significa “Dejar al malhechor una salida para darle una segunda oportunidad”.

Según los registros históricos, después que Cheng Tang cumpliera una cruzada honorable que puso fin al reinado del tirano Jie, “Tres mil señores feudales se reunieron para escoger el nuevo emperador de China. Cheng Tang presentó el sello imperial que había adquirido de Jie, lo colocó en la izquierda del sello vacío del emperador chino y se inclinó repetidas veces delante de él.

Presentando su respeto hacia el sello imperial, Cheng Tang tomó su asiento como señor feudal y dijo: ‘Este trono pertenece a un hombre de virtud, porque China es propiedad de todas las familias. Solo un hombre virtuoso puede dirigir China. Solo un hombre con principios puede gobernar el mundo, porque solamente un hombre con principios sabe cómo gobernar el país correctamente’”.

De todos los tres mil señores feudales, ninguno se atrevió a reclamar el trono. Cheng Tang negó modestamente el voto unánime de todos los señores feudales tres veces antes de tomar finalmente con gracia el asiento imperial.

Aunque Cheng Tang logró iniciar una nueva Dinastía, la grave sequía que se había iniciado durante el reinado de Jie continuaba afectando China. Durante siete años, la sequía hizo que los ríos y los pozos se secaran, mató toda la hierba y todos los árboles y detuvo la germinación de todas las semillas, impidiendo que el pueblo recolectara la cosecha. Desde el inicio de la sequía, Cheng Tang había instalado un altar y rogaba sinceramente al Cielo que lloviera poniendo fin a la sequía.

Siete años habían pasado, pero la sequía persistía. Cheng Tang le ordenó al astrónomo de la corona que buscase una solución mediante la adivinación. El astrónomo dijo, “Debemos sacrificar a un hombre ante los dioses para parar la sequía”. Cheng Tang reflexionó un momento y luego dijo: “Estoy rezando por la llegada de la lluvia para la salvación de mis súbditos. Si debemos sacrificar a un hombre al Cielo, soy voluntario para ser sacrificado”.

Cheng Tang tomó un baño, se abstuvo de alimento, cortó sus cabellos y uñas, y llevando un vestido largo de tela blanca y un cinturón blanco, condujo una carretilla tirada por un caballo blanco en dirección a una plantación de moras.

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Al llegar, dirigió esta plegaria al Cielo: “La culpa es mía y solo debe afectarme a mí. Por favor no castigue a mis súbditos. Si mis súbditos hicieron algo malo que haya contribuido a la sequía, debo ser el origen y la causa de sus malas acciones. Espíritus del Cielo y espíritus fantasmas, por favor no toquen a mis súbditos porque soy yo quien ha fallado en guiarlos correctamente debido a mis insuficientes capacidades”.

Luego el Emperador se hizo reproches a sí mismo de seis maneras diferentes: “¿Acaso la sequía ha sido causada por falta de ley y orden en mi administración? ¿Acaso he ignorado las dificultades de mis súbditos y no pude cumplir sus esperanzas? ¿Acaso la sequía ha sido causada por la corrupción de funcionarios del gobierno de quienes no me he dado cuenta? ¿Despilfarré el dinero o la mano de obra construyendo un palacio imperial muy grande? ¿Le permití a la reina interferir con la política? ¿Empleé en el gobierno a funcionarios corruptos y acepté sus malos consejos?” En el momento en el que Cheng Tang terminó su interrogación, comenzó a llover sobre millares de kilómetros.

La antigua cultura tradicional china dice que si un monarca verdaderamente vive por sus súbditos, su conducta virtuosa podrá estremecer el Cielo y la Tierra, traerá prosperidad y dejará un buen ejemplo para las generaciones futuras.

Cuando la virtud del gobernante no está a la altura, ocurren desastres naturales
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Categorías: Cultura

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