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“Con personas educadas, las familias tienen normas. Con Las familias en orden, los estados son gobernados correctamente. Con estados gobernados correctamente, el reino entero se vuelve feliz y tranquilo”, escribió Confucio.

Cuando se habla sobre el estado de la sociedad actual, de la violencia, la pobreza, el rol del gobierno y la corrupción —quizás la palabra más usada si se escrudiñasen todas las conversaciones sobre política del país en el día a día—, se escuchan respuestas y soluciones de todo tipo: más policías, echar a este, echar a ese, construir más prisiones, poner a este y a esa, agregar leyes, bajar los impuestos, subir los impuestos… La lista de soluciones seguras que se oyen tanto en discursos políticos como en conversaciones de café es interminable y, aunque muchas veces contradictoria, llega a ser esperanzadora. Luego, uno ve que se aplica una y no funciona; se aplica otra y tampoco funciona; se vuelve a aplicar lo que no funcionó antes y, claro, tampoco funciona. Entonces cierta masa pide que se aplique lo que no funcionó antes de lo que no funcionó la última vez y, claro, tampoco soluciona el problema de base.

Cuando nada funciona y se intenta llegar al eje de la cuestión, casi todos coinciden en una sola salida: mejorar la educación. ¿Pero cómo? Para encontrar alguna respuesta fuera de ese círculo vicioso de soluciones que se visten de agua (pero salada) para calmar la sed inmediata, exploraremos la fuente de lo que sí funcionó alguna vez en una sociedad armoniosa como la de la antigua china.

Y aquí aparece una certeza: sin el enfoque confuciano rigiendo la enseñanza, la historia china no habría tenido el esplendor de la dinastía Tang, la exquisita dinastía Song o las coloridas dinastías Ming y Qing. Es decir que la cultura tradicional China no habría existido si no hubiera sido por contar con una plataforma de pensamiento muy profunda, abarcadora y armonizadora como es el confucionismo.

En la antigua China, el enfoque confuciano para enseñar era muy efectivo porque no solo ofrecía una educación elevada, sino que también erigió amplios aspectos de la vida social y espiritual, que hicieron de base para estabilizar la sociedad durante siglos. De hecho, la socie-dad china moderna sólo decayó cuando se alejó de dichos valores en la enseñanza.

Educada bajo tal filosofía, la gente de la antigua China ponía mucho énfasis en cultivar la moral de uno, nutrir la nobleza del carácter y respetar al Cielo y a la Tierra. Se comprendía que las vidas siguen caminos predestinados y que al cultivar el carácter moral se alcanza la dicha pacífica de la mente, como también una mirada saludable de la vida terrenal.

La base del confucionismo consiste en “benevolencia, rectitud, buenas costumbres, sabiduría, fidelidad”. Muchas virtudes, tales como lealtad, piedad, valentía, justicia, transparencia, rectitud y diligencia, derivan de aquellas. El confucionismo efectivamente dio rumbo a todos los estratos de la sociedad antigua china y trajo a la superficie los valores morales y estándares para ser una buena persona.

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La benevolencia y buenas costumbres son el núcleo de los valores confucianos y del mismo modo lo eran en el sistema de educación. La benevolencia en la gente, erigida desde la niñez en la formación, armonizaba todas las relaciones y actividades sociales. Sin buenas costumbres, no pueden existir la fidelidad ni la lealtad. Sin fidelidad, todo es frágil y nada puede establecerse. Además del confucionismo, la cultura tradicional china está enraizada en el budismo y daoísmo. Pero el confucionismo se enfoca en “entrar al mundo mundano”, mientras que el budismo y el daoísmo se enfocan en “transcender el mundo”. Al interactuar directamente con la sociedad común, el confucionismo tiene un impacto más grande en la vida social.

¿Quiénes deben llegar a ser funcionarios?

Durante la dinastía Han (206 a.C. – al 220 d.C.) y la dinastía Jin (265 – 420), el sistema de evaluación para la designación de funcionarios imperiales aún no estaba establecido, pero ya había un sistema de recomendación para hallar a las personas más educadas y con mejor trayectoria para ocupar los cargos importantes del gobierno. Esas personas eran usualmente de familias ricas e influyentes. Sin embargo, si esa persona no tenía una educación elevada, no importaba el estatus de su familia, no podía ser recomendada.

Establecido durante las dinastías Sui y Tang, el sistema de evaluación imperial le dio al público general una oportunidad igualitaria para entrar al gobierno. Así, muchas personas bien educadas de orígenes humildes obtuvieron puestos altos. Muchas historias de gente exitosa de aquella época “que comenzó desde abajo” se transmiten todavía hoy.

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Aunque los que llegaron más arriba son minoría, aquellos mejor educados en los principios confucionistas tomaron importantes roles en la sociedad. Como un todo, las personas educadas fueron muy respetadas y formaron la corriente principal de la sociedad china.

Algunos de ellos comenzaron escuelas de pensamiento u oficiaron de consejeros estratégicos de los gobernantes; otros dejaron legados en la medicina o en el arte.

En la antigua China, la sociedad educada tuvo un inmenso impacto a través de sus pensamientos y acciones. Su sistema de valores fue el instrumento principal para mantener la estabilidad en todos los estratos sociales.

La sabiduría no se ajusta a la sociedad, sino la sociedad a la sabiduría

Otra característica única de los antiguos métodos chinos de enseñanza es que los libros principales no cambiaron por miles de años. No importaba cómo se sucedían las dinastías, los libros clásicos permanecían inalterados.

Las dinastías y las sociedades pueden cambiar, pero el Dao (el camino recto) nunca cambia. Esta es la razón de por qué el confusionismo duró miles de años. Sea cual fuere la dinastía, la gente siempre recibía una educación guiada por los mismos ideales ortodoxos.

Los textos clásicos son la esencia de la cultura tradicional china. La gente comenzaba a estudiarlos a una edad muy temprana. Muchas personas eran capaces de recitar versos de ‘El gran aprendizaje’, ‘La doctrina del medio’, ‘Las exposiciones de Confucio’ y ‘El libro de las odas’.

La meta de la educación era enseñar el Dao del ser humano; o sea, saber, ante todo, cómo debe comportarse un ser humano y, sobre esa base, adquirir las habilidades necesarias para establecer la propia virtud en la vida. Esta base otorgaba una guía recta para manejarse, y uno se iluminaría al Dao en un nivel más profundo al llevarla a la práctica en la vida diaria.

En la China moderna, la mayoría de los estudiantes ha perdido su conexión con la enseñanza clásica. En el mundo, la educación se enfoca en acumular conocimientos y desarrollar habilidades, pero sin aquella base profunda que da significado a todo eso. Básicamente, ya no existe la enseñanza de cómo debe comportarse un ser humano. El resultado de esta carencia en la enseñanza se ve en todas las sociedades a través de la violencia, los engaños, la corrupción, en definitiva, la gran mayoría de los problemas que nos aquejan.

Tal como dijo Confucio, si el individuo no es educado en los principios básicos, en la familia tampoco se siguen las normas elementales; si las familias no tienen normas, el Estado tampoco las tiene. Mucha gente se está dando cuenta de que, en muchos casos, los principios, las tradiciones y las costumbres han involucionado en vez de evolucionar. Habiendo probado tantas cosas que han fallado, vale la pena volver a la fuente de valores que brinda la sabiduría confuciana para comenzar de nuevo a partir de la educación, pilar de una sociedad armoniosa.

El verdadero propósito de la educación en nuestra sociedad
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Categorías: Cultura

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