Muy diferentes en apariencia y personalidad, las `Ocho Deidades’ u `Ocho Inmortales’ fueron grandes cultivadores espirituales de la escuela Dao que a menudo se hallan juntos en numerosas historias. A través de sus viajes, estos iluminados se toparon con diversos personajes y situaciones que luego se inmortalizaron en relatos que se transmitieron de generación en generación y dejaron un valioso legado de enseñanzas. Las historias acumuladas describen la vida mágica y misteriosa de estos practicantes del Dao, tanto en grupo como en forma individual. Pero los detalles de los relatos fueron variando en cada período dinástico y, si bien se entiende en general que vivieron durante las dinastías Tang o Song, tampoco se sabe exactamente el periodo histórico de sus existencias. Por eso, a muchos en los tiempos modernos se les hace difícil distinguir la historia real y consideran todo como leyendas.

Sin embargo, salvo en las últimas décadas, las ocho deidades u `ocho inmortales’ siempre han sido considerados personajes históricos reales. Es parte de la creencia antigua china que los humanos pueden elevarse y convertirse en deidades mediante la cultivación del cuerpo y del espíritu. De hecho, el ideograma que se refiere a las deidades o inmortales terrenales en la escritura china tradicional es una combinación de ‘hombre’ y `montaña’, en alusión a las personas que se aíslan en las montañas para cultivarse.

Lu Dongbin, Zhongli Quan, Zhang Guolao, Han Xiangzi, Tie Guaili, Cao Guojiu, Lan Caihe y He Xiangu —nombres dispuestos en la última versión histórica, originada en la dinastía Ming (1368 — 1644)—, estas personas que se cultivaron y quedaron en la historia como las `Ocho Deidades’, tuvieron, cada uno, una misión específica, y cada uno salvaguardaba una dirección.

Uno de los más famosos de las Ocho Deidades es Lu Dongbin, considerado como el líder natural del grupo. Él cuidaba el Oeste y su elemento era el metal, por eso tenía una espada de doble filo para matar a los demonios. Esta espada, que según se dice le fue otorgada por un dragón, lo hacía invisible de los espíritus perversos y también del Cielo.

A la gente le gusta tener la imagen de las Ocho Deidades en sus casas, esperando que ellas les traigan larga vida, buena fortuna, buenos hijos, riqueza, fama y reconocimiento. Con la imagen de Lu Dongbin, se cree que nadie puede ingresar con intenciones malvadas.

En una recopilación realizada por Ma Zhiyuan en el siglo XIII, se cuenta la historia de cómo Lu Dongbin decidió tomar la vía de la cultivación espiritual. Esta tradición. conocida como ‘El sueño del mijo amarillo’, dice que a los veinte años Lu Dongbin residía en la capital Chang’an, donde ya se había postulado dos veces para un cargo imperial, sin éxito. Allí tuvo un encuentro fugaz con otro de los posteriormente conocidos como las ocho deidades, Zhongli Quan.

Lu Dongbin

Una noche, Lu Dongbin se quedó dormido mientras cocinaba mijo amarillo y soñó que aprobaba con creces el examen imperial y se le asignaba un cargo elevado, del que luego era ascendido, primero a Vice Primer Ministro y luego a Primer Ministro. Al mismo tiempo, se casaba con una mujer de familia rica, con quien luego tendría dos hijos, un varón y una niña. Todo iba sobre ruedas hasta que, por envidia, otros lo acusan de delitos que no cometió y le hacen perder su puesto. Su mujer lo engaña, sus hijos son asesinados por bandidos y él se enferma. Estando agonizante en la calle, se despierta y comprueba que esos dieciocho años de vida habían sido sólo un sueño transcurrido mientras el mijo se cocinaba. El sueño había sido montado por Zhongli Quan para enseñarle la vacuidad del mundo humano corriente.

Como consecuencia del sueño, Lu Dongbin partió con Zhongli Quan para cultivarse en el Dao.

Salvar a un animal antes que a un ser humano

Cada uno de las Ocho Deidades asumió una misión, y la misión que asumió Lu Dongbin fue salvar a la gente ofreciéndole una oportunidad para cultivarse y convertirse en una deidad. Pero en el camino pudo comprobar que la gente común, al estar llena de deseos y apegos humanos, es muy difícil de salvar.

Una vez, en una conversación con Han Zhongli (el segundo de las Ocho Deidades) Lu Dongbin dijo que quería salvar a todos los seres conscientes, pero que no había podido salvar ni a una sola persona. Tras la conversación, decidió viajar nuevamente a Yueyang (ahora distrito administrativo de la provincia de Hunan, en las costas del Lago Dongting), donde ya había intentado dos veces llegar a la gente común.

A fin de hallar candidatos para guiar en la cultivación, Lu Dongbin se disfrazó como un anciano que vendía aceite caliente. Si un cliente no pretendía más aceite del que había pagado, era una señal para considerarlo un postulante.

Vendió aceite durante años sin encontrar a un solo cliente que no demandara el producto en exceso. Hasta que, un día, se presentó una mujer de edad muy avanzada que sólo tomó lo que había pagado, sin llevarse ni una gota de más.

Sorprendido, Lu Dongbin pensó que al fin había encontrado un ser digno de ser salvado. Le dijo a la mujer: “Quienes vienen a comprar aceite siempre quieren llevarse de más, pero usted no. ¿Por qué?” La mujer contestó: “Estoy satisfecha con lo que he pagado. Además, no es fácil para usted ganarse la vida con la venta de aceite. ¿Cómo podría querer más?”. Entonces, ella le ofreció licor a Lu Dongbin para expresar su gratitud. Lu Dongbin sintió que esa persona tenía buenas cualidades para ser candidata y que con ella podría cumplir su misión. Cuándo descubrió que había un cuenco en la bolsa de la anciana, dejó caer varios granos de arroz en este y dijo a la anciana: “Puede enriquecerse vendiendo el agua del cuenco”. La anciana inclinó su cabeza y encontró que el agua se había transformado en licor. Siguiendo la sugerencia de Lu Dongbin, la anciana vendió el licor del cuenco y se enriqueció en tan solo un año.

Un día, Lu Dongbin fue a visitar a la mujer para ver cómo era su moral ahora que tenía dinero y si podría cultivarse realmente hasta convertirse en una deidad. Ella no se encontraba en la casa, pero sí su hijo, a quien el sabio le preguntó: ¿Qué tal el negocio de la venta de licor? “El negocio va bien —respondió el joven—, pero no hay granos para alimentar a los cerdos”.

Ante estas palabras, Lu Dongbin suspiró. La avaricia insaciable de la mujer había derivado en ese estado deplorable en que ni había granos para alimentar a los cerdos. Entonces, Lu Dongbin tomó los granos de arroz del cuenco y se marchó.

Enseguida, la anciana regresó y su hijo le contó lo sucedido. Cuando fue a echar una mirada al cuenco, el licor se había transformado en agua. La mujer fue rápidamente hacia la puerta, pero Lu Dongbin ya se había marchado hacía mucho tiempo.

Lu Dongbin se lamentó por la humanidad y dijo, “Prefiero salvar a un animal antes que a un ser humano”. Esta frase quedó para las generaciones siguientes como una seria lección para la reflexión.

Conoce la historia de Lu Dongbin, uno de los 8 Inmortales de la antigua China
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Categorías: Cultura

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