Bayas fue un sitio de transito obligado para la aristocracia romana. Ubicado al sur de Italia, más específicamente dentro del golfo Pozzuoli, terminó constituyéndose como el balneario de los más poderosos durante el Imperio romano.

Aunque terminó inundado por las aguas del Mediterráneo, muchas de sus espectaculares obras de arte y restos arquitectónicos pueden ser vistos al bucear a pocos metros de profundidad.

La historia de Bayas comienza durante el siglo II a.C., cuando era un pequeño y olvidado territorio con encantos ocultos aún por descubrir.

Villa Protiro, sumergida en Bayas. Foto: www.zingarate.com.

En el siglo I a.C. cuando el tránsito de burgueses y aristócratas se incrementó, este lugar empezó a crecer y a posicionarse como un enclave de obligada visita gracias a sus aguas termales.

La ciudad sumergida de Bayas. Foto: www.napolidavivere.it.

Muchos de los más reconocidos personajes de la Antigua Roma formaron elegantes asentamientos en este sitio, entre ellos se cuentan Pompeyo y el orador Hortensio.

Julio César construyó una de sus mansiones en el punto más alto del litoral desde donde podía observar toda la ensenada.

Restos de Bayas. Foto: www.centrosubcampiflegrei.it.

En uno de sus arrebatos de poder, el emperador romano Calígula decidió construir un puente que atravesaba todo el golfo de Bayas en respuesta a la predicción del astrólogo Trasilo de Menders, quien en el año 39 d.C. dijo: “Calígula tiene las mismas posibilidades de llegar a ser emperador que de atravesar el golfo de Bayas a caballo”.

En realidad, Bayas nunca llegó a tener magistrados y no se edificaron en ella monumentos públicos, más bien era un lugar de hedonismo y libertinaje donde los acaudalados exhibían sus excentricidades.

Séneca catalogaba a Bayas como un torbellino de lujo y puerto de vicio, mientas Cicerón decía que este era un lugar de perdición.

El excéntrico Bayas comenzó su ocaso durante el saqueo de las invasiones bárbaras y los ataques musulmanes del siglo VIII. En el siglo XVI la ciudad quedó casi desierta debido a una plaga de malaria.

En ese mismo siglo se presentó en dicho territorio un violento terremoto que provocó el descenso del litoral y posterior hundimiento de la ciudad.

Es curioso ver cómo las ciudades con duros cuestionamientos de moral caen en un patrón, casi invariable, de destrucción. Entre las muchas ciudades que han terminado mal se pueden incluir las vecinas de Bayes: Pompeya y Herculano.

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Categorías: Cultura

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