Los siguientes cuentos se basan en la creencia milenaria de que la bondad es recompensada con bondad, y la maldad con maldad. Se dice que los dioses son justos y no premian ni castigan, porque la forma en que uno se comporta por su propia voluntad llevará a una retribución respectiva. Este axioma básico de la cultura tradicional china se origina en la creencia de los antiguos chinos de que cada hombre ha venido del Cielo, era un ser divino y ha bajado a la Tierra para purificarse y rectificarse. La vida humana es entonces de origen divino, y la voluntad del hombre debe ser respetada por todos, pues es la elección de cada uno volverse bueno o malo, regresar nuevamente al Cielo o no regresar jamás. Los relatos no se alejan mucho de la realidad. Por ejemplo, los peces suelen traer perlas en vez de otras riquezas como oro, porque en el agua tienen acceso a las perlas en las conchas marinas.

Un tributo especial por salvar un pez

Durante la Dinastía Han, el Emperador Wu necesitaba un lugar donde realizar sus ejercicios navales. Entonces ordenó construir un gran lago, que luego se conoció como el Lago Kunming. Un día, un hombre pescaba junto al lago y capturó un gran pez. El pez rompió el hilo de la caña de pescar y huyó con el anzuelo clavado.

Una noche, el Emperador Wu tuvo un sueño en el que un pez le pedía que le quitara el anzuelo de su boca y le prometía que, como recompensa por su buena acción, le daría una hermosa perla.

Al día siguiente, el emperador navegaba en el lago, y un gran pez con un anzuelo en la boca nadó cerca del bote. El emperador se preguntó: “¿Será el pez de mi sueño?” Capturó al pez, le quitó el anzuelo y lo liberó. Más tarde, recibió un tributo muy especial de un país lejano: una enorme perla.

La retribución de la tortuga

Durante la Dinasta. Jin. la ciudad de Zhu estaba custodiada rigurosamente por un batallón militar. Un soldado del batallón compró una pequeña tortuga blanca de entre doce y quince centímetros de largo en una tienda del lugar y la puso en un estanque para criarla. La tortuguita creció y creció, y pronto el estanque quedó demasiado chico, así que el soldado la devolvió al río.

Años después, la ciudad de Zhu fue atacada por el clan Shi y cayó. Algunos soldados intentaron escapar saltando al río, pero casi todos se ahogaron al hundirse con el peso de la armadura que llevaban. El único que sobrevivió fue el soldado que había criado y liberado a la tortuga.

Cuando él saltó al río, sintió que cayó sobre un pedazo de piedra. Al mirar, se dio cuenta de que estaba acostado sobre la tortuga blanca que él había liberado. La tortuga lo llevó hasta la otra orilla y luego se fue nadando.

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Categorías: Cultura

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