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Una violenta erupción volcánica dio nacimiento a la isla de Hunga Tonga-Hunga Ha’apai, en el Pacífico Sur en 2014, y su rápida formación ha permitido a los científicos estudiar este proceso tan pocas veces visto.

Y aunque se esperaba que la isla tuviera una efímera vida, de algunos meses, ahora la NASA aumenta el pronóstico de vida de 6 a 30 años.

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Así se formó la isla

Este tipo de erupciones hacen que, debido a las altas temperaturas y a la mezcla con el agua de mar, las cenizas resultantes del magma se adhieran firmemente en un material más parecido al hormigón que a la roca, llamado ‘toba’, cuya acumulación da por resultado la isla.

Aunque la rocosa isla se encuentra distante de la civilización, los científicos han podido deleitarse conociendo acerca de la formación del nuevo territorio mediante las fotografías satelitales que se le toman constantemente.

Es justamente este registro fotográfico el que resulta de gran ayuda para el estudio del proceso de formación de este tipo de islas.

Caso muy diferente al  ocurrido con el conjunto de las islas de Surtsey,  que emergieron del fondo marino vinculado a Islandia en 1963, tras una violenta erupción submarina, pero del cual no se obtuvieron datos similares a los que se tienen ahora con Hunga Tonga, porque no existía el sistema satelital que lo hace posible. 

Por otro lado, se cree que la observación de los fenómenos de formación, erosión y evolución de estos islotes rocosos podría proporcionar conocimientos valiosos aplicables a la geología de Marte.

La presentación de la información satelital

Las fotografías son obtenidas mediante la conjunción de equipos satelitales de propiedad tanto gubernamental como comercial.

Con ellas se conformaron mapas tridimensionales de la isla, y el análisis se ofreció en la reunión de la Unión Geofísica Americana de 2017.

“Las islas volcánicas son algunas de las formas terrestres más simples de hacer”, según el autor Jim Garvin, científico jefe del Centro de Vuelos Espaciales Goddard de la NASA.

El futuro de Hunga Tonga

El equipo de científicos de la NASA ha recreado un escenario en el que la erosión intensa provocada por el agua marina podría destruir la mayor parte de la masa.

Por otro lado, en un escenario adicional, la velocidad de la erosión sería mucho menor, dando una vida de entre 25 y 30 años al cuerpo compuesto de toba que nos ocupa.

“Esos acantilados de ceniza volcánica son bastante inestables”, al decir del coautor Dan Slayback, especialista en teledetección de la NASA Goddard.

Por su parte, según las mediciones de la geóloga y coautora Vicki Ferrini del Observatorio Terrestre Lamont-Doherty, todo el complejo volcánico se eleva a casi 1.400 metros del fondo marino.

José Ignacio Hermosa – BLes

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Hunga Tonga, la isla volcánica que se formó rápidamente y pronto podría desaparecer
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Temas: Categorías: Ciencia

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