La palabra “secta” evoca imágenes de organizaciones siniestras que se suicidan en masa al estilo Jim Jones. Por eso el régimen chino se aprovechó del poder que tiene la etiqueta “secta” para lanzar una de las campañas de odio más crueles de su historia.

A fines de julio de 1999, el entonces cabecilla del Partido Comunista Chino, Jiang Zemin, tuvo un problema de relaciones públicas. Desde el 20 de julio de 1999 había convulsionado a China con arrestos masivos a practicantes de la disciplina espiritual Falun Gong, además de transmitir propaganda día y noche, quemar libros y purgar miembros del partido.

Pero para el resto del mundo, no había una razón clara para la violencia que había desatado el dictador sobre un grupo pacífico de gente que medita.

Falun Gong, con enseñanzas morales budistas y taoístas basadas en los principios de Verdad, Benevolencia y Tolerancia, fue presentado al público en China en 1992. Aquellos que comenzaron a practicarlo reportaron mejoras en la salud, mejores relaciones con sus familiares y colegas, menos estrés y una nueva visión sobre el significado de la vida. Se diseminó rápidamente de boca en boca, y en 1999 un censo estatal estimó de 70 a 100 millones de adherentes en China.

La práctica de Falun Gong no estaba bajo el control del partido, algo inaudito en China. En 1997 y 1998, el partido ordenó al Buró de Seguridad Pública investigarlo para juntar evidencia de daños causados por Falun Gong. En ambas ocasiones, los investigadores no encontraron nada.

En la segunda mitad de 1998, el ex alto funcionario Qiao Shi organizó a funcionarios retirados para hacer su propia investigación a Falun Gong. Qiao había estado 10 años en el Comité Permanente del Politburó (el cuerpo más grande del PCCh) y había dirigido el aparato de seguridad nacional. Según su estudio, Falun Gong había aportado “cientos de beneficios” a la sociedad china, y “ni un solo daño”.

Pero ni el informe de Qiao ni las expresiones de apoyo a Falun Gong de varias voces oficiales persuadieron a Jiang de no desatar una persecución a nivel nacional. Los medios estatales y los aparatos de propaganda fueron puestos a calumniar a Falun Gong, a volcar la opinión pública contra la práctica y a legitimar la persecución. Luego de que Jiang visitó París a fines de octubre, la propaganda se basaba en catalogar a Falun Gong de “secta malvada”.

Fuera de China, pocos sabían qué era Falun Gong, así que la prensa occidental presentó la práctica repitiendo lo que el régimen decía.

Dieciocho años de persecución más tarde, el régimen chino busca ahora usar la autoridad de académicos occidentales para promover la idea de que Falun Gong es una “secta”.

Etiquetando al enemigo

En una reciente entrevista con La Gran Época, Massimo Introvigne, un académico que estudia los movimientos religiosos y es director del Centro de Estudios de Nuevas Religiones en Italia, reveló cómo el régimen chino está tratando de reclutar a intelectuales occidentales para diseminar la propaganda contra Falun Gong.

Introvigne explica que la estrategia del régimen chino comienza con etiquetar a Falun Gong de “secta”.

Massimo Introvigne, director del Centro de Estudios de Nuevas Religiones, durante una entrevista reciente con New Tang Dynasty Television. (Cortesía de New Tang Dynasty Television)

De hecho, el término “xie jiao” se remonta a la Dinastía Ming, dice Introvigne. Los intelectuales occidentales suelen usar la traducción “enseñanza heterodoxa”, ya que históricamente la corte imperial china había etiquetado a las religiones como “xie jiao” por razones políticas. En el siglo XIX por ejemplo, el cristianismo fue considerado un agente del imperialismo occidental y por lo tanto etiquetado como “xie jiao”.

El PCCh se apropió del término para atacar a Falun Gong. “Ellos quieren evocar empatía de aquellos que tienen temor a las sectas en Occidente”, dijo Introvigne.

Es una táctica común para legitimar la persecución a un grupo. “Ellos tratan de justificar la opinión pública nacional e internacional adscribiéndole crímenes al grupo perseguido”, dice Introvigne.

Creando una estrategia de propaganda

El 25 de octubre de 1999, durante una visita a París, Jiang le concedió una entrevista al periódico Le Figaro en la cual usó por primera vez la frase “secta malvada” para describir a Falun Gong. La CCTV del régimen retransmitió los dichos de Jiang.

Al día siguiente, el portavoz del PCCh, Diario del Pueblo, republicó la entrevista. A eso le siguieron más portadas y comentadores que machacaban el mensaje de “secta malvada”.

El 30 de octubre, la legislatura servil del régimen promulgó la “Decisión de prohibir organizaciones sectarias y prevenir y castigar actividades sectarias”. La Corte Suprema del Pueblo y la Procuraduría Suprema del Pueblo emitieron luego una “explicación” de la nueva ley, estipulando que quienes se involucraran en actos “especialmente serios” en organizaciones sectarias serían sujetos a un mínimo de siete años de prisión y hasta cadena perpetua o muerte. La ley apuntaba a los practicantes de Falun Gong, aunque Falun Gong nunca fue mencionado en la legislación.

Con la ayuda de Le Figaro, Jiang había logrado fabricar en un unos pocos días una razón para perseguir a Falun Gong y crear una estrategia legal que lo justificara.

Jiang Zemin en 2007. (Fredric J. Brown/AFP)

Introvigne explica que para que los sistemas religiosos y de creencias existan bajo el régimen comunista chino, ellos deben someterse a su control. Debido a que Falun Gong no lo hace, el régimen lo ha etiquetado. “El régimen solo acepta religiones al estilo chino” dijo. “Y por religiones al estilo chino, quiere decir que aceptan la guía del PCCh”.

Él puso los ejemplos de la Asociación Patriótica Católica China y el Movimiento Patriótico de los Tres Propios, organizaciones controladas por el partido para los católicos y protestantes. Los líderes de tales organizaciones son designados por el partido. Los cristianos que asisten a iglesias clandestinas suelen ser acosados y perseguidos.

Una nueva táctica

En noviembre de 2000, Jiang fue aún más lejos y estableció la Asociación China Anti Secta. Operando en todas las provincias, la asociación promulgaría la propaganda en la nación y en el extranjero. La asociación comenzó a organizar conferencias académicas para difamar a Falun Gong.

Su última táctica, de la que Introvigne fue testigo, es “reclutar a intelectuales para confirmar historias y narrativa de Falun Gong desde el régimen comunista chino”. En la práctica toma la forma de publicaciones académicas y conferencias tanto para intelectuales chinos como occidentales. El régimen quiere tener registrados a estos últimos abonando la version del PCCh, o poder mostrar a los intelectuales de Occidente alineándose al partido, incluso si no adoptan sus lineamientos.

Por ejemplo, un grupo de intelectuales occidentales fue invitado a dar charlas en un foro organizado por el Centro de Estudios de Cuestiones Internacionales de Pseudorreligión de la Universidad de Wuhan el mes pasado. Xinhua, la agencia de noticias portavoz del régimen, publicó luego un artículo el 3 de diciembre que decía que los intelectuales “estaban de acuerdo en que Falun Gong es una secta que disemina rumores para difamar a China”.

Uno de los oradores invitados, Michael Kropveld, dijo que el artículo de Xinhua malinterpretó gravemente sus comentarios, como también el contenido de la conferencia. “No fue de ninguna forma nada que yo haya declarado o dicho cuando hablé o charlé con gente involucrada”, le dijo a La Gran Época. Kropveld, director ejecutivo de Info Cult, una organización de Canadá que estudia grupos religiosos minoritarios, dice que leyó su presentación palabra por palabra, la cual él publicó en el sitio web de su organización.

Michael Kropveld, director ejecutivos de Info Cult de Canadá. (Cortesía de Michael Kropveld)

Su presentación buscaba principalmente analizar diferentes definiciones de “secta” y los resultados de un relevamiento que realizó con ONGs, grupos de investigación de sectas y agencias gubernamentales y de servicio social, para entender la naturaleza de las inquietudes sobre Falun Gong.

Kropveld dice que el artículo de Xinhua “era un pobre rejunte de lo que en realidad se dijo”.

Sin embargo, ha habido instancias de intelectuales occidentales respaldando la propaganda. La organización de investigación sin fines de lucro Organización Mundial para Investigar la Persecución a Falun Gong ha documentado cómo James R. Lewis, empleado en la Universidad de Tromsø, La Universidad del Árctico de Noruega, ha publicado trabajos académicos difamando a Falun Gong. Él está listado como experto en sectas en el sitio web de la Oficina 610, una organización del partido creada para llevar a cabo la persecución a Falun Gong. Lewis también asistió a conferencias internacionales sobre sectas, algunas con intelectuales de la Universidad de Wuhan, para diseminar la retórica anti Falun Gong.

Introvigne mismo asistió a una conferencia sobre el “intercambio académico anti secta” en la ciudad de Zhengzhou, provincia de Henan, en junio de 2017. Se sorprendió al conocer el contenido de la reunión. Él y otros presentes no estaban de acuerdo con lo que decían los participantes chinos, y se quedaron impresionados por los artículos de prensa que inventaban y tergiversaban detalles.

Introvigne en la conferencia de Zhengzhou sobre sectas. (Captura de pantalla del sitio web de la Asociación anti secta Zhengzhou)

Introvigne dijo que el PCCh ha perpetuado las calumnias a Falun Gong a tal grado que algunos académicos en Occidente les han creído. “Es desafortunado para la causa de los derechos humanos”, dijo.

Un pedido de integridad académica

Introvigne cree que hay consecuencias reales para los académicos que perpetúan la información difamatoria del PCCh.

“¿Cuál narrativa prevalecerá? Si el PCCh se las arregla para que prevalezca su narrativa de que sectas perversas están amenazando a la población, ellos continuarán probablemente con la persecución y se sentirán mucho más justificados al hacerlo”, dijo.

Por el contrario, si la mayoría de académicos investigan cuidadosamente y se dan cuenta de cuan extendida está la propaganda del régimen, el PCCh sentirá que ya no pueden justificar la persecución. “Ellos probablemente tendrán que disminuir la persecución o incluso aceptar que la persecución es demasiado cara desde el punto de vista de la imagen internacional”.

Introvigne traza paralelos entre las tácticas del régimen chino y las estrategias de subversión de la Unión Soviética, pagando periodistas, académicos y líderes religiosos para que diseminen falsa propaganda.

Él instó a los académicos a estudiar a Falun Gong en profundidad desde diferentes perspectivas, no solo estudiar el trato que tuvo China con los practicantes. “Cómo pudo Falun Gong tener tanto éxito en unos pocos años, por qué la gente se une a Falun Gong, cómo cambió Falun Gong su salud y felicidad”.

Yang Lixin contribuyó con este informe.

A través de La Gran Época.

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Categorías: China

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