Las escaramuzas comerciales entre Estados Unidos y China de este año bien podrían ser el comienzo de un cisma mucho más profundo en la economía mundial. Beijing no tiene intención de abandonar su plan “Made in China 2025”, el verdadero objetivo de las amenazas y acciones de Trump. La mejora integral de la industria china y el enfoque en el desarrollo de tecnología avanzada es la piedra angular de la visión económica del líder del régimen Xi Jinping.

La delegación del gobierno de Estados Unidos regresó de su breve visita a Beijing con las manos vacías, ya que las conversaciones de alto nivel no lograron salir del estancamiento. Pero China aún no está preparada para enfrentarse plenamente a Estados Unidos, por lo que Beijing intentará limitar el daño que las acciones de Washington podrían causar a su economía y a sus ambiciones tecnológicas ofreciendo algunas “victorias” comerciales a medida que se acerquen las elecciones de mitad período de noviembre.

Los líderes de China no tienen más remedio que hablar con dureza. Sin embargo, sus acciones sugieren una postura menos segura. La semana previa a la visita de la delegación de Estados Unidos, en un seminario sin precedentes de tres días de duración, organizado por la Universidad Tsinghua de Beijing, varios altos funcionarios y asesores influyentes expusieron en detalle la posición del gobierno a una reducida selección de periodistas extranjeros y otros analistas. Los líderes chinos no son propensos a dar alguna explicación al resto del mundo, así que me parece que esta iniciativa no sea una expresión de fortaleza.

Beijing se da cuenta de que Occidente empezó a mirar China de forma diferente. Está dispuesta a ofrecer concesiones para impulsar sus importaciones desde los Estados Unidos y abrir su sector financiero a actores extranjeros. Pero al mismo tiempo, Beijing también respondió acelerando el desarrollo de su propia capacidad en las industrias de alta tecnología y sus cadenas de suministro.

Impulso de semiconductores

El sector de la electrónica de China destaca como el de mayor presencia extranjera. Los políticos se preocupan por confiar en chips extranjeros. China importa actualmente el 80 por ciento de los semiconductores que utiliza. La cadena de suministro mundial de la industria del chip está muy dispersa, pero concentrada en Occidente. Por lo tanto, Beijing se muestra reacio a ver al resto del mundo, en particular a Europa, tras la postura más dura de Trump hacia China.

En el frente de los semiconductores, Beijing acaba de lograr un gran avance. Según el Nikkei Asian Review, una empresa conjunta entre Arm Holdings, controlada por SoftBank de Japón, y sus socios chinos se hicieron cargo de las operaciones de una compañía británica de semiconductores en China a finales del mes pasado.

La empresa conjunta está controlada por inversores chinos y será responsable de la gestión de todas las licencias y regalías locales. Arm Holdings es uno de los proveedores de tecnología de semiconductores más influyentes del mundo. El modelo del chip de la compañía se utiliza en aproximadamente el 90 por ciento de los dispositivos móviles en todo el mundo.

Al mismo tiempo, el fondo de semiconductores respaldado por el Estado chino está a punto de cerrar una ronda de inversión de 120.000 millones de renminbi RMB (alrededor de 18.900 millones de dólares) para un segundo fondo destinado a apoyar al sector nacional de chips y ayudar a reducir la dependencia de las importaciones de semiconductores.

En otro anuncio de sus ambiciones, China pretende producir sus propios chips de comunicación optoelectrónica para uso comercial en 2025, anunciaron las autoridades en la inauguración de un centro nacional de información e investigación optoelectrónica en Wuhan. Lo informaron durante una visita a Wuhan de Xi Jinping, quien hizo un llamamiento para que China sea autosuficiente en tecnologías emergentes.

Batalla tecnológica

Este acontecimiento se produce poco después de que Washington  prohibiera por siete años al principal fabricante chino de equipos de telecomunicaciones, ZTE, de utilizar componentes estadounidenses y además de la investigación sobre el gigante chino de las telecomunicaciones, Huawei. Estados Unidos también  bloqueó una serie de posibles acuerdos sobre semiconductores y también está considerando medidas para impedir que los ciudadanos chinos puedan realizar investigaciones sensibles en universidades e institutos de investigación estadounidenses por temor a que puedan estar adquiriendo secretos intelectuales.

En el seminario de Tsinghua, el New York Times argumentó que un tema fue evitado repetidamente: si China podría algún día tratar de vincular las disputas comerciales con los asuntos de seguridad nacional.

Pero el conflicto actual tiene que ver claramente con algo más que el comercio y el déficit comercial de Estados Unidos con China. A Estados Unidos le preocupa particularmente que China pueda tomar la delantera en el área sensible del aprendizaje automático y la inteligencia artificial porque Beijing cuenta con la capacidad de recopilar y manipular grandes volúmenes de datos sin las preocupaciones de privacidad que limitan a los gobiernos y empresas occidentales.

La tecnología será el principal campo de batalla entre Estados Unidos y China en los próximos años. Dado que es improbable que los modelos económicos chino y occidental converjan en un futuro previsible, existe el riesgo de que la globalización se rompa.

Diana Choyleva es la economista jefe de la consultoría macroeconómica Enodo Economics.

Los puntos de vista expresados en este artículo son las opiniones del autor y no reflejan necesariamente los puntos de vista de Bles.com.

A través de La Gran Época.

La tecnología en el corazón de la disputa comercial entre EE.UU. y China
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Categorías: América China EE.UU

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