Wei Minzhou, el secretario del Partido Comunista de Xi’ an, una ciudad del oeste de China, sabía que estaba en problemas cuando fue invitado a una “charla” con sus superiores. Inmediatamente consultó a un vidente que le indicó que plantara bambú enfrente de su casa. Los caracteres chinos para “bambú” y “detener” son homónimos: el pedido de Wei era para que se detuviera la investigación anticorrupción de las autoridades. No funcionó. En agosto de 2017, Wei fue expulsado del Partido Comunista Chino (PCCh) por soborno, a la espera de ser procesado en el sistema judicial.

El PCCh es una organización atea y gobierna China controlando rigurosamente lo que los ciudadanos pueden y no pueden creer, sin embargo, Wei es sólo uno de un séquito de funcionarios que recurrieron a prácticas premodernas de adivinación, videncias y toda clase de supersticiones en un intento por salir del atolladero.

El PCCh prohíbe a sus miembros de creer en la llamada “superstición”. La Revolución Cultural de los años 60 y 70 buscó erradicar las creencias milenarias de la gente en el budismo, el taoísmo, el confucionismo y las costumbres populares iniciando una campaña de desprestigio para librar al país de los “cuatro antiguos”: antiguas ideas, antigua cultura, antiguas costumbres y antiguos hábitos. Templos budistas, estatuas, monasterios taoístas y sitios históricos de importancia cultural fueron totalmente destruidos.

A pesar de aquella conmoción traumática y violenta, las creencias espirituales siguen estando profundamente arraigadas en la psique del pueblo chino: últimamente evidenciado por los funcionarios del Partido que recurren a Budas, dioses y espíritus en tiempos de necesidad, no obstante la prohibición del PCCh.

Los monjes budistas rezan dentro del Templo Yufo de 135 años de antigüedad, también conocido como el Templo del Buda de Jade en Shanghai el 5 de septiembre de 2017. (Chandan Khanna/AFP/Getty Images)

En un reciente anuncio acerca de la purga del vicegobernador Liu Qiang como miembro del Partido y de su cargo, la agencia anticorrupción del PCCh, señaló a sus “actividades supersticiosas” como parte de una lista de crímenes que lo habían metido en problemas.

De hecho, la cuenta de WeChat del periódico estatal Beijing Daily publicó una vez la historia sobre funcionarios disciplinados por “creer en la superstición”. Fue desde el 18º Congreso Nacional en 2012, cuando el actual líder del partido, Xi Jinping, llegó al poder y lanzó su campaña para purgar al partido de funcionarios que se comportaban mal.

Escapando del destino

Hubo detalles inesperados de funcionarios desesperados que creen que una fuerza mayor tiene control de sus destinos, y así buscaron maneras de predecir o cambiar sus vidas.

Durante la década de 1990, el desprestigiado ex zar de seguridad Zhou Yongkang, fue director general de la estatal China National Petroleum Corporation. Una vez invitó a un monje mayor para que le hiciera una lectura facial, una manera de predecir el futuro a través de la fisonomía. La evaluación del monje fue que sus perspectivas eran buenas, pero para llegar aún más lejos en su carrera, tenía que arreglar su sepulcro familiar.

Zhou escuchó el consejo del monje y le pidió a su hermano que lo hiciera de inmediato. La familia contrató a un monje de la ciudad de Wuxi, donde estaba el sepulcro, para realizar los ritos budistas.

En solo una década, Zhou llegó al órgano decisorio más poderoso del PCCh, el Comité Permanente del Politburó. De repente en el otoño de 2009, su familia descubrió que alguien había excavado un pozo, en un acto de profanación, en su sepulcro familiar. Zhou movilizó a la policía de Wuxi, Shanghái y la provincia de Jiangsu – incluso llegando hasta el Ministerio de Seguridad Pública- para encontrar al culpable, sin tener éxito.

Más tarde se enfrentaría con su propia caída en 2012 en medio del infame incidente de Wang Lijun – Bo Xilai. En 2015 fue condenado a cadena perpetua.

Zhou Yongkang en la sesión inaugural del Congreso Nacional Popular en Beijing, el 5 de marzo de 2012. (Liu Jin/AFP/Getty Images)

Mientras tanto, el aliado de Zhou, el secretario adjunto del PCCh de Sichuan, Li Chuncheng, fue castigado por utilizar fondos públicos para trasladar su sepulcro familiar desde su ubicación en el noreste de China a Dujiangyan, cerca de la ciudad de Chengdu en el suroeste de China, ante la sugerencia de un maestro del feng shui taoísta. Utilizó 10 millones de yuan para ese proyecto (unos 1,6 millones de dólares).

Zhou y Li eran funcionarios del círculo del ex líder del PCCh Jiang Zemin, formando una facción interna dentro del partido opuesto a Xi Jinping. Y Jiang frecuentemente buscaba el consejo de Wang Lin, un maestro qigong que decía tener poderes sobrenaturales.

Wang aconsejó a muchos de la facción de Jiang sobre cómo incrementar sus fortunas. Wang le dijo una vez al ex ministro de ferrocarriles Liu Zhijun que si ponía una roca de montaña en su oficina, nunca fallaría en sus expectativas de vida. Desafortunadamente, en 2013, fue acusado de soborno y tras ser condenado a muerte fue indultado.

Protección contra los pecados

Desde que comenzó hace cinco años la mano dura anticorrupción, los funcionarios temen el día en que puedan caer. Si perciben la llegada de una purga, buscan la protección de los seres superiores.

Cuando Gu Junshan, subdirector del Departamento de Logística General del Ejército Popular de Liberación, fue arrestado e interrogado por corrupción, el personal del PCCh encontró una espada de madera del árbol de durazno en uno de sus bolsillos: un arma utilizada para exorcizar a los demonios según las creencias religiosas taoístas. Sin embargo, la espada no lo protegió de su maldad: En 2015 Gu tras ser condenado a muerte fue indultado.

Gu Junshan. (Captura de pantalla/Chinanews.com)

Se decía que el propio ex líder del partido Jiang temía represalias; entre sus muchos crímenes se destacaba la persecución de la disciplina espiritual Falun Dafa en 1999. La revista Open Magazine de Hong Kong informó en 2001 que Jiang rezó al Bodhisattva Ksitigarbha con la esperanza de su salvación. Buscó a una monja en Beijing para una copia del “Sutra Ksitigarbha Bodhisattva” y se esforzó por copiar el sutra a mano, considerado un acto de mérito y devoción en el budismo.

Jiang Zemin en el 18º Congreso Nacional en Beijing el 14 de noviembre de 2012. (Wang Zhao/AFP/Getty Images)

Pero hasta ahora, Jiang no pudo escapar de su declive político. La iniciativa de Xi estuvo eliminando a los aliados de Jiang uno por uno, dejando a Jiang con una influencia limitada.

A través de La Gran Época.

Funcionarios chinos ateos recurren a lo sobrenatural cuando están desesperados
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Categorías: China

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