Yin Liping estaba en el apogeo de su juventud cuando fue secuestrada por agentes chinos y sentenciada a un año y medio en un campo de trabajo forzado.

Fue en el año 2000, cuando la joven tenía 32 años, el momento en que su vida quedó marcada para siempre. Yin ingresó al Campo de Trabajo Forzado de Masanjia, en China, uno de los lugares más oscuros y temibles del mundo. Allí sufrió diversas torturas, privación de sueño y extenuantes jornadas de trabajo.

Sin embargo, lo peor aún estaba por venir: el traslado al campo de trabajo forzado para hombres de Zhangshi, para ser abusada sexualmente en grupo y en múltiples oportunidades.

¿Cuál era el motivo por el que las autoridades penitenciarias harían una cosa semejante? Supuestamente “transformarla”. ¿Pero por qué?

Yin es practicante de una disciplina espiritual de la Escuela Buda llamada Falun Gong (también conocida como Falun Dafa) basada en los principios de Verdad, Benevolencia y Tolerancia, la cual desde el año 1999 pasó a ser difamada y perseguida sistemáticamente por autoridades del régimen chino.

El 19 de abril de 2001 –en ese momento ya llevaba 15 meses de encierro– Yin y otras 9 prisioneras que se habían rehusado a ser “transformadas” recibieron la noticia de que iban a ser trasladadas. Una de las jefas de las guardias dijo con una sonrisa irónica: “Las vamos a enviar a un lugar donde van a poder practicar mejor Falun Gong”.

Sin conocer dónde la derivarían, Yin se encontraba muy inquieta. Cuando descendieron del ómnibus, dos policías muy robustos pasaron lista y uno de ellos leyó una lista de reglas: “si los practicantes de Falun Gong que se rehúsan a ser transformados mueren, sus muertes serán consideradas como suicidio”. Se decía que eran las órdenes de [el entonces jefe del Partido Comunista] Jiang Zemin.

Yin fue ingresada a un cuarto donde había cuatro hombres y, cuando caminó por el pasillo para ir al baño, vio una habitación grande con 30 hombres más durmiendo en el piso. Yin sentía mucho miedo y se preguntaba por qué la habían mandado a ese lugar.

A las 10 de la noche Yin les pidió a los hombres que estaban en su habitación que se fueran para ella poder dormir. “¿Dormir?”, dijo un hombre de mediana edad, y echó una carcajada. “¿Vas a dormir? A nadie se le permite dormir sin antes ser ‘transformada’. Hubo una mujer a la que se ‘entrenó’ durante 18 días y no se le permitía dormir. Al final, enloqueció’”.

Posteriormente cuatro o cinco hombres la golpearon hasta dejarla desorientada y la obligaron a que se acostara en una cama. Un hombre se sentó encima de ella y la golpeó hasta desmayarla.

Cuando Yin recuperó su conciencia, había tres hombres acostados a su lado cuyas manos y cuerpos estaban sobre ella. Dos se colocaron entre sus piernas, mientras otro grababa un video. No dejaban de decir cosas sucias y Yin no sabía cuántos más de ellos había diciéndole “No te hagas la muerta. ¡Incluso muerta tienes que renunciar a Falun Gong!”

Yin vomitó sangre durante días y el cuarto quedó teñido de rojo, sin embargo el horror continuaba. Sus compañeras practicantes también eran abusadas a diario y Yin escuchaba sus desgarradores gritos que la traían de vuelta a ese horrible infierno en la Tierra. Cada noche era lo mismo y lo único que mantenía viva a Yin era su creencia y su fe en Falun Dafa.

Durante años Yin no pudo escribir lo que le pasó allí, si lo intentaba su mente colapsaba. Ni siquiera se atrevía a pensar en ello, ya que cada vez que venía a su mente, la atrapaba un dolor y un horror muy profundo.

Yin pudo sobrevivir, pero ¿cuántas otras practicantes murieron o colapsaron mentalmente por no aceptar ser “transformadas”?

Esta desgarradora experiencia marcó el corazón de Yin para siempre y le ocasiona pánico pensar que aún persiste esa situación en los campos de trabajo forzados de China, en donde personas buenas son abusadas brutalmente solo por sostener su creencia espiritual.

Nota del Editor: todo el relato es verídico y fue publicado por la página Minghui.org de acuerdo a la experiencia de una sobreviviente de torturas y abusos sexuales extremos que logró escapar de China hacia Tailandia.

A través de La Gran Época.

Crónica de la peor tortura sufrida por una mujer creyente en China
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Categorías: China

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