La familia de Jiang Xiping recibió una llamada telefónica del Campo de Trabajos de Xishanping, en Chongqing, al suroeste de China, informándoles que su padre había muerto repentinamente.

La explicación oficial para el fallecimiento del hombre de 66 años fue “un ataque al corazón agudo”. Pero su familia lo había visto el día anterior, y en ese momento estaba en buen estado de salud.

Sus cuatro hijos y otros tres familiares subieron rápidamente al coche y corrieron hacia el campo. Tan pronto como llegaron fueron conducidos como ganado al Hotel Yuxun, por guardias que olían a alcohol.

Les hicieron esperar varias horas. Cuando finalmente los llevaron a la morgue y vieron el cuerpo de su padre siendo sacado en una tabla de la cámara de frío, se acercaron rápidamente.

“¡Mi padre no está muerto, está vivo!” gritó Jiang Hong, su hija mayor. Se apresuraron a tocar su cara y pecho, encontrando que estaban más tibios que sus propias manos.

Aterrorizados, los guardas comenzaron a gritar y a atacar físicamente a la familia. “Enfrentando este repentino ataque y la enorme multitud de guardas, nos sentíamos afligidos, indignados e impotentes”, escribió más tarde Jiang Li, su hija más joven en una petición, parte de un intento prolongado de buscar justicia.

Lo que siguió en los seis años siguientes fue una búsqueda infructuosa para descubrir cómo murió, y para hacer responsables a los oficiales chinos involucrados. En cierto momento dijeron a la familia que sus órganos habían sido sustraídos y convertidos en “muestras médicas”.

Jiang Li llora durante una vigilia con velas en Los Ángeles el 15 de octubre de 2015, ella sostiene un retrato de una practicante de Falun Gong que murió debido a la persecución en China. (Benjamin Chasteen/La Gran Época)

Cuando se volvió claro que Jiang Li y su familia no se rendirían, el caso comenzó a tomar la forma de una novela policiaca:

Los abogados que se involucraron fueron seguidos, torturados y golpeados, y se ofrecieron repetidamente grandes sumas de dinero como soborno.

Jiang Xiqing estaba en la mitad de una sentencia de un año a reeducación a través de trabajos forzados cuando murió; su único crimen fue practicar Falun Gong, una práctica espiritual tradicional que está perseguida en China hace 16 años.

El intento de la familia por buscar la verdad de la muerte de Jiang, y las represalias que sufrieron, es un caso de estudio en esta persecución.

El caso de Jiang Xiqing atrajo mucha atención en ese momento, en parte porque los abogados contaron su abuso a manos de la policía china a medios extranjeros y organizaciones de derechos humanos.

La Gran Época comprobó varios documentos para este artículo incluyendo: el informe oficial de la autopsia por el Instituto de Medicina Forense de Chongqing; una transcripción de 43 páginas de una reunión llevada a cabo en el dialecto de Chongqing entre familiares de Jiang y oficiales de Chongqing; testimonios escritos de los familiares sobre las circunstancias que condujeron a la muerte de Jiang; y los documentos de demanda enviados a los departamentos del gobierno.

Jiang Li se encuentra ahora en Nueva York y continúa dolida e indignada, pero sobre todo impotente, por la misteriosa muerte de su padre. Esta es su historia.

Verdad, Benevolencia, Tolerancia

En los años 80 y 90, millones de ciudadanos chinos iban a los parques y a plazas públicas para practicar qigong, una clase de ejercicios parecidos al taichí. El gobierno del PCCh había apoyado al qigong como un modo barato pero efectivo de mantener la salud y de esta manera aliviar la presión económica en los servicios públicos de salud.

Practicantes de Falun Gong realizan uno de los ejercicios en Chongqing, en 1998 (Minghui.org).

Falun Gong, una práctica de qigong que consiste en cinco juegos de ejercicios, se convirtió rápidamente en una de las formas de qigong más populares después de impartirse en 1992. Su principal atracción era su promesa de elevación moral: los practicantes se adherían a los principios de verdad, benevolencia y tolerancia en sus vidas diarias.

Jiang Xiqing y su mujer, Luo Zehui, en una foto de archivo. Su hija Jiang Li está buscando justicia para su padre después de ser asesinado bajo misteriosas circunstancias mientras estaba retenido en un campo de trabajos forzados. (Minghui.org)

Luo Zehui, la mujer de Xiqing, era como muchos chinos: probó Falun Gong por primera vez en 1996 buscando aliviar sus muchos problemas de salud. Su salud y ánimo mejoraron. Mientras ayudaba a su mujer iletrada a leer Zhuan Falun, el texto principal de la práctica, Xiqing se sintió fuertemente atraído por sus enseñanzas. Así que él también comenzó a practicar. La pareja de ancianos introdujo esta disciplina a sus hijos.

En 1999, parecía que Falun Gong se estaba extendido en China – una encuesta oficial encontró que 70 millones de ciudadanos realizaban los ejercicios regularmente en público. Las fuentes de Falun Gong decían que el número de aquellos que habían emprendido la práctica era de más de 100 millones.

Demasiado perverso

A los ojos del entonces líder comunista Jiang Zemin (sin relación con Jiang Li), los pacíficos meditadores eran una amenaza para la “estabilidad social” y para el Partido. El 20 de julio Jiang Zemin ordenó a las grandes fuerzas de seguridad del país que erradicaran la disciplina. Estas personas iban a ser despedidas de sus trabajos, enviadas a campos de trabajo para “reeducarles” ideológicamente, y sometidos a torturas hasta que se retractaran de su fe y declararan su lealtad al Partido.

Según estadísticas incompletas de Minghui.org, un centro de información sobre la persecución, más de 3.900 personas han sido asesinadas mediante la tortura y los abusos, y cientos de miles languidecen en detención. Investigadores han estimado que 65.000 practicantes fueron asesinados por sus órganos entre los años 2000 y 2008. Con las sustracciones forzadas de órganos continuando desde 2008, se cree que el número total de asesinados bien puede ser mayor de 100.000.

Después de comenzar la campaña de persecución, Jiang y Luo viajaron a Beijing para protestar. En Chongqing, repartían información explicando los principios de la disciplina y rebatiendo la propaganda estilo Revolución Cultural del PCCh, pensada para incitar el odio contra la práctica.

La pareja de ancianos fue detenida y enviada a clases de reeducación – al principio eran de las suaves. Debido a su edad, al comienzo se libraron de las palizas brutales y del extenuante trabajo esclavo que muchos adherentes de Falun Gong cautivos se veían obligados a hacer.

Pero las cosas cambiaron en 2008. Los Juegos Olímpicos de Verano llegaron a Beijing, y el mundo estaba alabando a China por su aparición en la escena mundial.

Luo Zehui fue arrestado por la policía de Chongqing el 13 de mayo de 2008, mientras distribuía material de Falun Gong en la calle. Más tarde ese día la policía saqueó su casa, sacando a Xiqing a rastras mientras veía las noticias.

Jiang fue sentenciado a un año de trabajos forzados en el Campo de Trabajos Forzados de Xishanping. Luo fue juzgada en secreto y le dieron una sentencia de ocho años en la Institución Correccional Femenina de Yongchuan, donde fue golpeada hasta quedarse inconsciente al menos en tres ocasiones.

“¡Ocho años! Es demasiado perverso”, murmuraba llorando Xiping, cuando supo de la condena a su mujer.

Era el segundo día del año nuevo lunar chino, la fiesta más importante para las familias chinas.

“Mi padre sigue vivo”

El día antes de que Xiping muriera en custodia, su familia le vio fuerte y sano en una de las escasas visitas que les concedían. Jiang Guiyu, su nieta de dos años y medio, intentó entregarle una mazorca de maíz, pero los guardas se negaron a que Xiping lo tomara. Así que la niña hurgó en su bolsillo y sacó un puñado de cacahuetes que le entregó a hurtadillas.

Jiang Li habla en una actividad de Falun Gong en el muelle de Santa Mónica, Los Ángeles, el 17 de octubre de 2015. (Edward Dye/La Gran Época)

Cuando se estaban marchando – la visita fue acortada por los guardas – Jiang tuvo que apretujar sus labios a través de una grieta de la puerta para dar un beso de despedida a su nieta. “No teníamos ni idea de que esa iba a ser la última vez que veríamos a nuestro padre”, escribió la familia en su petición.

Al día siguiente a las 15:40h, recibieron una llamada telefónica informándoles de que Jiang había muerto una hora antes. La familia fue conducida a la morgue cerca del campo de trabajo aproximadamente a las 22h.

Lo primero que notaron – y una pieza clave del misterio – era que el cuerpo de su padre estaba caliente, y suave al tacto incluso después de haber estado supuestamente siete horas en una cámara mortuoria de congelación.

“¡Venid y rescatad a nuestro padre! ¡Sigue vivo!” gritó un familiar, según el informe de Minghui.org. Trataron de sacar su cuerpo para comenzar los intentos por resucitarle. Pero los guardas de la prisión sobrepasaban en número a la familia y fueron sacados rudamente de la sala, aun dudando si estaba vivo o muerto.

Jiang Li salió de la morgue para llamar a la policía. Cuando descolgó el teléfono, uno de los guardas que andaba cerca se dio la vuelta y dijo con voz espeluznante: “Es inútil. La policía está aquí”.

Contra los deseos expresos de la familia, la policía cremó el cuerpo de su padre días después.

Encubrimiento

En los meses siguientes, las autoridades de Chongqing comenzaron un encubrimiento sistemático.

Primero, dieron informes contradictorios sobre la muerte de Jiang. La explicación inicial decía que el repentino ataque al corazón fue causado por “gua sha”, un tratamiento de medicina china que consiste en rascar la piel con un objeto plano produciendo leves magulladuras, con el propósito de abrir los canales de energía.

A esto se añadió un detalle preocupante: cuando algunos familiares se reunieron con varios funcionarios de Chongqing para obtener el informe oficial de la autopsia, Zhou Bailing, un supervisor de la Fiscalía de Chongqing, dijo que los órganos de Jiang fueron sustraídos y convertidos en “muestras médicas”.

Esto pudo grabarse en soporte de audio, dado que la familia insistió en que la reunión fuera grabada. La familia realizó una transcripción de 43 páginas de la reunión, y el audio, los cuales La Gran Época tuvo la oportunidad de revisar, junto con el informe oficial de la autopsia.

En una reunión en junio con dos familiares, unos 20 oficiales de la Oficina 610 de Chongqing, la Oficina de Seguridad Pública, y otros departamentos insistían ahora que no había magulladuras en el cuerpo de Jiang, contradiciendo la historia del “gua sha”.

Después los oficiales ofrecieron zanjar el asunto con dinero, si la familia cesaba en su demanda. Durante una negociación privada ese mismo año, Chen Jiurong, el director adjunto de la comisaría de Chongqing, ofreció a la familia 300.000 yuanes (47.000 dólares) más la puesta en libertad condicional de su madre si abandonan el caso, contó Jiang Li.

Dos policías de Chongqing dijeron a Li que “pusiera cualquier precio”, a cambio de dejar el caso.

Jiang Li y su familia ignoraron todas esas súplicas y en su lugar solicitaron a las autoridades centrales de Beijing que investigaran el inexplicable suceso.

“Es común en los oficiales chinos sobornar a las víctimas de injusticias a cambio de su silencio porque las demandas de los ciudadanos a los altos niveles de la burocracia china afectan negativamente a sus promociones”, dice Sarah Cook, una veterana analista e investigadora de Freedom House, una ONG estadounidense.

Según Cook el problema en China es que “no hay un imperio de la ley real ni las autoridades chinas valoran las vidas humanas de los practicantes de Falun Gong, como Jiang Xiping”.

Aplicando presión

Cuando encontraron que Jiang Li no podía ser silenciada con dinero, las fuerzas de seguridad chinas pasaron a la ofensiva, amenazando y acosando a su familia y a su empresa.

Jiang Li se une a una protesta pidiendo al líder chino Xi Jinping que ponga fin a la persecución a Falun Gong en China, en la Plaza Dag Hammarskjold, frente a la sede de las Naciones Unidas en Nueva York, el 26 de septiembre de 2015. (Samira Bouaou/La Gran Época)

La empresa de Li, Shanghai Airlines la despidió. Poco después, su marido, que trabajaba como guarda de seguridad en una fábrica, solicitó el divorcio debido a la incesante presión de las autoridades.

Otros que trataron de ayudar fueron también acosados. Zhang Kai y Li Chunfu, dos abogados establecidos en Beijing, fueron rodeados por veinte hombres en la casa de la familia Jiang en Chongqing. El caso atrajo una gran atención de la comunidad de derechos humanos en China. En la comisaría los abogados fueron interrogados y golpeados durante horas. La policía también amenazó con llevarles a juicio por su participación en el caso.

“Este es un comportamiento típico de matones. Simplemente querían intimidarnos y forzarnos a retirarnos del caso. Están tan asustados; deben estar escondiendo algo”, dijo Zhang Kai, según un informe de Human Rights in China, una ONG con base en Nueva York.

Más recientemente, ambos hombres desaparecieron a manos de las autoridades chinas, como parte de una campaña masiva contra los abogados de derechos humanos. Liang Xiaojun, también abogado de derechos humanos en China y amigo, dijo en una llamada telefónica el 2 de noviembre: “Han sido engañados. No sé dónde están. No puedo contactar con ellos, y usted tampoco”.

Mientras los abusos a los abogados de derechos humanos ganaban relevancia internacional la muerte por la que buscaban justicia se deslizó fuera de escena silenciosamente.

Cook dijo que la atención internacional al caso de Jiang y el miedo a una mayor exposición pudo haber motivado que la policía pagara a los familiares de Jiang para que callaran, y también ayudó a evitar que fueran arrestados.

En una maniobra extraordinaria, Jiang Li y su hermana lograron asegurar una liberación temprana de su madre, Luo Zehui, – la primera vez que un practicante en Chongqing era liberado antes de tiempo.

Con su madre lejos de las garras de las fuerzas de seguridad del Partido, Jiang Li centró sus esfuerzos en asegurar la justicia para su padre.

Años peticionando

Pero esto se prolongó durante otros cinco años, sin resultado. Jiang Li fue sencillamente rebotada entre incontables agencias gubernamentales, y encerrada en cárceles negras en Shanghai y Beijing por periodos de entre días y semanas.

La solidaridad ocasional – por ejemplo de dos oficiales en la Oficina General del Consejo de Estado – apenas fue de ayuda. Cuando le preguntaban por qué no aceptaba simplemente el soborno, Jiang Li respondía, “porque la vida humana es preciada”.

“El caso de Jiang Xiqing es un ejemplo de algunos de los peores abusos que los practicantes de Falun Gong en China enfrentan a manos de las autoridades chinas, y el grado al que se encuentran entre los grupos de población peor tratados en custodia”, comentaba Cook.

“Resalta las paradojas de la China de hoy – una economía moderna por un lado, y tortura y asesinato medieval por otro”, dijo.

Este año, Jiang Li obtuvo un visado de turista y llegó a Nueva York. Ella espera llevar un día el caso a las Naciones Unidas.

Ahora vive en la comunidad china de Flushing, en Queens. Cuenta su historia a los turistas chinos que caminan por Times Square.

“Se lo cuento a todo el mundo”, dice Jiang. “Lo que cuento son hechos, es todo real”.

Jiang es también uno de los 190.000 practicantes aproximadamente que han presentado querellas contra Jiang Zemin, el líder del Partido que lanzó la campaña de persecución. Pero no espera una respuesta a la muerte de su padre en ningún momento cercano – al menos no hasta que China ya no sea gobernada por el PCCh.

A través de La Gran Época.

Share
Categorías: China

Video Destacados

Ad will display in 09 seconds