Después de que Robert Mueller dictaminó su acusación contra 13 rusos y 3 entidades rusas el 16 de febrero, ocurrió algo extraño. Como si hubiera recibido órdenes, nadie en los medios de comunicación dominantes hablaba ya de cómo “Trump coludió con Rusia”, un tema que los medios de comunicación estuvieron obsesionados por más de un año.

Esto, por supuesto, no significa que los medios de comunicación de repente se dieran cuenta y se avergonzaron por lo ocurrido. En su lugar, los expertos hicieron nuevas líneas de ataque contra el presidente Trump. El último consenso de la izquierda es que la intromisión rusa en la campaña presidencial de 2016 es un “acto de guerra”, comparable a Pearl Harbor y al ataque terrorista del 11 de septiembre. La inacción y la incompetencia de Trump, según los expertos que lo acusaban, no eran aceptables.

Sólo que parecían olvidar una cosa: la intromisión rusa se produjo sobre todo bajo la supervisión del presidente Barack Obama. También ignoraban a otros actores entrometidos bajo Obama: el FBI y el Departamento de Justicia (DOJ por sus siglas en inglés).

Las agencias intentaron proteger a Hillary Clinton y socavar a su oponente. Además, en caso de que no lograron detener a Trump, tenían una “póliza de seguro” para arruinar su presidencia. La “campaña de influencia rusa”, comparada con la intromisión del FBI y el DOJ, es insignificante.

Escándalo Uranium One

En 2013, Uranium One, una empresa que posee el 20 por ciento de la capacidad de producción de uranio en Estados Unidos, fue adquirida por Rosatom, una empresa estatal rusa. La adquisición fue aprobada unánimemente por un comité gubernamental de nueve agencias, incluyendo el Departamento de Estado, encabezado por Hillary Clinton.

El FBI y el DOJ ya tenían pruebas de que el personal de Rosatom había cometido actos ilícitos en suelo estadounidense en 2009, pero el Congreso y el resto de la administración no fueron informados de los planes ilegales. Si se hubiera conocido esa conspiración criminal, el acuerdo probablemente no habría sido aprobado.

La Fundación Clinton recibió millones de dólares de donaciones de individuos vinculados con Uranium One y nunca se revelaron las donaciones. Además, un banco ruso vinculado al Kremlin, poco después de la firma del acuerdo Uranium One, pagó a Bill Clinton unos elevados honorarios para dar charlas en eventos.

El FBI inició una investigación en 2015. Cuando este asunto se volvió a plantear durante la campaña presidencial de 2016, altos funcionarios del FBI y del DOJ esencialmente cerraron el caso por temor a que agentes del FBI estuvieran agitando demasiado las aguas y que con una investigación pudieran afectar las elecciones, según el New York Times. La carrera política de Hillary Clinton era más importante que la verdad y la justicia para el FBI y el DOJ.

Email Gate

A principios de marzo de 2015, New York Times informó que Hillary Clinton utilizó un servidor de correo electrónico privado no seguro para asuntos oficiales.

A pesar de las afirmaciones de Hillary Clinton de que no había material clasificado en su servidor y que ella ni envió ni recibió material clasificado, el FBI identificó 110 correos electrónicos clasificados, incluyendo 65 correos electrónicos “secretos” y 22 correos electrónicos “Top Secret”. La oficina entrevistó a Hillary Clinton el 2 de julio de 2016. James Comey, el ex director del FBI, exoneró a Hillary Clinton el 6 de julio de 2016.

Aquí está el truco: James Comey comenzó a preparar la declaración de exoneración en algún momento en abril o a principios de mayo del 2016. Mucho antes del final de la investigación, Comey concluyó que Hillary Clinton ya era inocente. Hay dos sistemas de justicia en Estados Unidos: uno es para los Clinton y el otro para todos los demás. Los Clinton violan la ley; en cambio el típico Juan Pérez sería encarcelado por hacer declaraciones falsas al FBI.

FISA Gate

Para detener a Trump, el FBI y el DOJ inventaron la historia de la colusión entre Trump y Rusia. Después de que Trump ganó, la historia fue usada para socavar su presidencia.

El FBI y el DOJ basaron su caso contra Trump únicamente por el Dossier de Steele “salaz y no comprobado”, como declaró James Comey en un testimonio dado en junio de 2017. Ese golpe político fue financiado por la campaña de Hillary Clinton, el Comité Nacional Demócrata y el FBI. Todos los involucrados trataron de ocultar este hecho, hasta que fue revelado por los congresistas republicanos.

El FBI y el DOJ obtuvieron órdenes de arresto de la Ley de Vigilancia de la Inteligencia Extranjera (FISA por sus siglas en inglés) contra los colaboradores de Trump con el expediente como evidencia principal. El tribunal de FISA rechazó una solicitud para vigilar a Carter Page en julio de 2016. Pero en octubre concedió una orden judicial, que fue renovada cuatro veces.

Paul Manafort, ex presidente de la campaña Trump, también fue aparentemente el blanco. Algunas de sus conversaciones con Trump pueden haber sido escuchadas por el FBI, según el ex director de Inteligencia Nacional James Clapper.

El FBI y el DOJ no se rindieron cuando Trump derrotó a Hillary Clinton: Robert Mueller fue nombrado consejero especial. Pero su investigación no va a ninguna parte. Es cierto que acusó a algunos ex-colaboradores de Trump, algunos de los cuales incluso se declararon culpables. Sin embargo, los cargos no tienen nada que ver con la colusión rusa.

La acusación contra los rusos es casi una broma: todo el mundo sabe que no va a haber juicio. El fracaso de Mueller incluso llevó a algunos izquierdistas de extrema izquierda a cuestionar la validez de la historia de la colusión entre Trump y Rusia.

Los rusos no protegieron y exoneraron a Hillary Clinton. El FBI lo hizo. Pudo mantener su candidatura y luego perdió limpiamente.

Los rusos no utilizaron el expediente Steele como evidencia para vigilar a los colaboradores de Trump. El FBI lo hizo. Sin haber sido verificado, el FBI utilizó el documento de difamación para solicitar permisos para vigilar a los colaboradores de un importante candidato presidencial, mintiendo a los jueces de FISA sobre el asunto.

Los rusos no interceptaron los teléfonos de Trump. El FBI lo hizo. Utilizar el aparato de inteligencia nacional para espiar a un oponente político es de muy bajo nivel para un gobierno federal.

Los rusos no nombraron a Mueller para lanzar una caza de brujas inútil con el fin de herir a un presidente debidamente elegido. El DOJ lo hizo, y los medios de comunicación los animaron.

Ahora los medios de comunicación nos están diciendo que la campaña publicitaria rusa de bajo presupuesto en las redes sociales es más importante, pero esta afirmación pronto irá por el camino de las reiteradas acusaciones de colusión.

Las opiniones expresadas en este artículo son las opiniones del autor y no reflejan necesariamente los puntos de vista de BLES.

A través de La Gran Época.

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Temas: Categorías: América EE.UU

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