Por: José Raúl Rodríguez Rangel para BLes.

Marisleydis Valle Verde lo sopesó muchas veces, lo habló con su esposo Enrique, ya apenas dormía por el estrés del acoso sistemático, la represión, y las amenazas de encarcelamiento bajo el capítulo penal cubano de Estado de Peligrosidad Social Pre-Delictivo, o Ley de Peligrosidad Social en contra de su persona, tuvo que marcharse de Cienfuegos a otro pueblo, a casa de su madre.

Ese título de “ley” que por su sola mención le causaba estremecimiento y miedo, le hizo tomar esta drástica decisión a principios del 2018: “Estado de Peligrosidad Social Pre-Delictivo”, ¿quería decir eso que sin haber cometido delito alguno se convirtió de facto en “enemigo del pueblo”? Sí, había sido declarada “enemigo” de su pueblo, de su barrio, de sus amigos.

Marisleydis Valle Verde. (Foto: Cortesía José Raúl Rodríguez Rangel)
Marisleydis Valle Verde. (Foto: Cortesía José Raúl Rodríguez Rangel)

Las Cartas de Advertencias en números de tres, número fatal, pues son tres “cartas” el límite a que puede llegar el infractor de la “legalidad socialista” según el Código Penal cubano, estaban entre sus papeles, las había juntado una a una de la mano del policía del barrio, quien la acosaba sistemáticamente.

Marisleydis formaba parte de la estructura de una red de opositores políticos contra el régimen comunista que se manifestaba en las calles contra las malas prácticas y políticas abusivas del régimen.

Video de la organización política de Marisleydis Valle Verde en Cienfuegos, Cuba:

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Fomentaba en su entorno el debate cívico y explicaba las virtudes y ventajas de la libertad, esto lo fue aprendiendo por el peso de la realidad, su temperamento fuerte, su decisión de salir adelante económicamente chocó siempre con los obstáculos del totalitarismo, en sus adentros sentía que algo andaba mal cuando tomó la decisión de dar pelea por el cambio, más tarde vino el proceso de maduración y uso de valores democráticos en su praxis diaria.

Cuando llegaron las tímidas “reformas económicas”, el régimen le negó la licencia para su emprendimiento de venta de mascotas, fue perseguida, y la obligaron a seguir de lleno en el mercado negro, su disidencia la había colocado en los márgenes del “sistema”.

Había tenido entonces que desplazarse de una ciudad a otra. Este destierro forzado que sufrió ella, se produce cuando la policía del régimen toma medidas contra “ciudadanos peligrosos” y los desplaza porque su liderazgo, obra artística, o posición cívica pone en jaque el abyecto estatus quo del régimen, y es muy frecuente dentro de la Isla.

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España fue defensora de la expulsión de quienes se oponían a su acérrimo integrismo, pudiéramos mencionar a José María Heredia y Heredia cuando desde la proa de un barco exclamó en su “Himno del Desterrado”: “… Cuba, Cuba, que vida me diste, dulce tierra de luz y hermosura, ¡cuánto sueño de gloria y ventura tengo unido a tu suelo feliz!…”.

Madrid desterró a la mayoría de líderes independentistas e intelectuales que se oponían al integrismo suyo, las órdenes de destierro forzado afectaron a Antonio Maceo Grajales, Antonio Vázquez Zambrana, José Ramón Bonachea. José Julián Martí Pérez, por citar algunas figuras destacadas dentro del movimiento fundador de la nación cubana.

Para un cubano en tiempos de España el destierro era el peor de los castigos, por encima de la muerte, del encierro, de la caída en combate en los campos de Cuba.

La Habana post-republicana, después de la llegada del comunismo en 1959, también sintonizó con esta política de destierro, de exilio, de cárceles, de ostracismo intelectual, baste señalar el pueblito de Sandino en la occidental provincia de Pinar del Río, o Cunagua, en Ciego de Ávila, pueblos cautivos adonde miles de familias del centro de la Isla fueron desplazadas y obligadas a residir allí so pena de abandonar el perímetro repleto de alambradas.

Marisleydis tuvo que autoexiliarse dentro de la Isla forzada por el régimen, ese insilio es muy duro para quien lo padece, sin embargo, puede entenderse también como una jugada táctica de su parte, le hacía falta tomar un respiro, dejar de ser el foco de atención de la policía, perdió su emprendimiento, se distanció de su esposo, volvió a ser una carga para su madre, siguió estando vigilada por el régimen en su nueva residencia, pero escapó por un tiempo a la cárcel.

Desde que salió de Cienfuegos, desde que se “tranquilizó”, la policía política dejó de “advertirle”, significó para ella descansar un poco.

Este artículo forma parte de la sección ‘Crónicas del dolor en Cuba‘ de BLes.

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