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Por esta insólita razón un anciano pasa sus últimos días de vida en un campo de trabajo forzado en Cuba

Por: José Raúl Rodríguez Rangel para BLes [1].

Emigdio Gil León tenía 77 años de edad cuando comenzó a extinguir su condena en junio del 2016, en el campamento correccional abierto de Babiney, una sucursal ubérrima de la prisión de máxima seguridad de Ariza, Cienfuegos, Cuba. 

El “viejo” fue declarado por el Estado cubano “enemigo del pueblo” bajo el capítulo de Estado de Peligrosidad Social Pre-Delictivo y forzado a cumplir un año y medio de castigo en los montes cercanos a la costa centro-sur de la Isla, en plena Ciénaga de Zapata, el humedal más grande del Caribe, donde se elabora el carbón vegetal que el régimen cubano exporta a Europa, Estados Unidos, e Indonesia.

La mano esclava es vital para desarrollar las plantaciones de este preciado insumo en las cocinas del primer mundo que tanto rédito dan a la economía comunista de la Mayor de las Antillas, por ello hay órdenes para que la policía haga énfasis en los “potenciales delictivos” de cada barrio, esto quiere decir, que se exige a cada Jefe de Sector (policía de barrio) una lista de ciudadanos con Índice de Peligrosidad Social, o el “peligro”, como se conoce popularmente esta práctica fascista.

Todo comienza cuando el policía se reúne con los “factores” en el barrio, cuadra por cuadra va visitando a los presidentes de los Comités de Defensa de la Revolución (CDR), a la presidenta de la Federación de Mujeres Cubana (FMC), al secretario del núcleo del Partido Comunista de Cuba (PCC), al presidente de la Organización de Combatientes de la Revolución (OCR), a los delatores, entonces comienzan a crearse las listas para la razia.

Todos los “parámetrados”, llamados lumpen, gusanos, vende patria, jineteras, proxenetas, burgueses, los que salen del molde del “hombre nuevo”, son los que conforman estas listas negras que más tarde son llevadas a los tribunales y en un proceso fabril de enlatado sumario, son procesados en grupos ante un Presidente de Tribunal Popular de la Revolución bajo la categoría de Índice de Peligrosidad Social.

La industria del carbón y el Programa Alimentario lanzado por Fidel Castro tras la hambruna de los años noventa, contaron con esta oleada de trabajadores forzados que engrosaron las filas de obreros agrícolas en los campamentos correccionales abiertos.

Estos campos de trabajo forzado son sucursales de prisiones de máxima seguridad presentes en toda la geografía nacional, baste decir, que antes de pasar a la etapa agrícola de trabajo forzado, hay unos meses en celdas de castigo para amedrentar al reo, para sacarle los miedos y poder contar con sus fantasmas a la hora de forzarlo a vivir en los pantanos infestados de enfermedades.

En covachas levantadas por los procesados en medio del monte, con ramas y hojas de palmeras para guarecerse de los elementos, la comida se la proveen de la caza menor en los alrededores, donde un cordón de perros y guardias conforman un perímetro inexpugnable.

Así malvivía Emigdio Gil León entre mosquitos y arándanos y bichos de monte, junto a los otros reos, con sus enfermedades arrastra, sin medicamentos, Gil León fue a campo forzado porque el hobby de su vida era la crianza de gallos de pelea, un entretenimiento que le costó la cárcel a su edad.

Cuando entrevistamos a sus hermanas en el batey del central azucarero, Ciudad Caracas, uno de tantos en ruinas por la decidía del régimen, donde el desempleo y la frustración de sus pobladores es la comidilla del día, las dos ancianas apelaron al cielo y a los “de los derechos humanos”, como se conocen los activistas pro-democracia en Cuba, por su hermano de 77 años, para que no muriera en el monte.

No podían creer que Emigdio con esa edad fuera considerado una “lacra social”, según les dijo a ellas el policía del barrio, su sagacidad les llevó a pensar a ambas, que Emigdio se rehusó siempre a delatar a sus conciudadanos ante el policía-sheriff, esto quería el policía-sheriff, que Emigdio fuera un delator de barrio y no lo consiguió.

Sin embargo, el costo para el “viejo” fue el trabajo forzado a su edad en los territorios de la Ciénaga de Zapata, desterrado allí por no denunciar a su comunidad, por tener moral.

Este artículo forma parte de la sección ‘Crónicas del dolor en Cuba [2]‘ de BLes.

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