The New York Times admitió en un artículo altamente engañoso, que después de más de un año de investigación todavía no existe evidencia pública de que el presidente Donald Trump se confabuló con Rusia para ganar las elecciones presidenciales de 2016.

El artículo titulado ‘Nombre del código huracán de fuego cruzado: Los orígenes secretos de la investigación de Trump’, se produce antes de la publicación de un informe del Inspector General del Departamento de Justicia sobre el manejo de las investigaciones de Hillary Clinton y la campaña de Trump que hizo FBI. Parece destinado a controlar los daños y establecer una narrativa antes del lanzamiento del documento oficial.

El artículo se basa en gran medida en el intento de crear una imagen de un FBI responsable, que mantuvo la investigación en secreto para no socavar el proceso electoral.

Los informes anteriores de The New York Times sobre el tema de la colusión, incluido un artículo publicado el 15 de febrero de 2017, fueron desacreditados bajo juramento por el ex director del FBI James Comey ante el Congreso, por estar casi completamente equivocados.

Edición del 15 de febrero de The New York Times. (Samira Bouaou / La Gran Época)

Pero a pesar del intento de Times, este inadvertidamente revela cierta información clave.

Una de ellas es la admisión de que no existe evidencia pública de colusión. Durante más de un año y medio, The New York Times, junto con muchas otras publicaciones, han propagado la historia de que Trump se coludió con el Kremlin, para ganar las elecciones.

Como The Epoch Times ha señalado consistentemente, no existe evidencia de colusión. Por el contrario, los funcionarios involucrados en la investigación, como el exdirector de Inteligencia Nacional (DNI) James Clapper, han declarado públicamente, así como bajo juramento ante el Congreso, que su investigación no mostró evidencia de colusión.

“Un año y medio después, no ha surgido ninguna evidencia pública que conecte a los asesores del Sr. Trump con los hackers o vinculen al propio Sr. Trump con los esfuerzos disruptivos del gobierno ruso”, informó The Times, en el artículo del 16 de mayo.

Otra gran revelación en el artículo es que los agentes de FBI involucrados en la investigación usaron credenciales de seguridad nacional para espiar la campaña de Trump.

Trump primero sugirió que fue espiado por la administración Obama en un tweet en marzo de 2017,  después de lo cual fue ridiculizado por muchos políticos y organizaciones de medios de prensa, incluido New York Times.

Sin embargo, una investigación del Comité de Inteligencia de la Cámara de Representantes reveló en febrero de este año que FBI había obtenido una orden judicial de tipo FISA (Ley de Vigilancia de la Inteligencia Extranjera) para espiar al voluntario de la campaña Trump, Carter Page. Bajo la llamada regla de los dos saltos, la orden podría haberse extendido a otros miembros de la campaña de Trump, incluido el propio candidato Trump.

La orden de espionaje FISA no se obtuvo hasta octubre de 2016. La revelación de que FBI utilizó credenciales de seguridad nacional para espiar la campaña de Trump, posiblemente desde julio de 2016, plantea serias preocupaciones.

La información obtenida mediante el espionaje de la campaña de Trump podría haber sido compartida con otros funcionarios de la administración de Obama y utilizada para fines políticos. Simultáneamente a la orden de FISA y los propios espionaje de FBI, funcionarios clave de Obama, incluida la Asesora de Seguridad Nacional Susan Rice y la Embajadora de Estados Unidos en las Naciones Unidas Samantha Powers, hicieron cientos de las llamadas solicitides de identificación de las identidades de los miembros de la campaña Trump en informes de inteligencia.

El funcionario que firmó la orden inicial de FISA fue la vicefiscal general Sally Yates, quien simultáneamente se mantuvo al tanto de la investigación secreta de FBI.

Yates también asistió a una reunión secreta en la Oficina Oval de la Casa Blanca, en enero de 2017, con el entonces presidente Barack Obama, el vicepresidente Joe Biden, el director del FBI James Comey y la asesora de seguridad nacional Susan Rice. Un correo electrónico que Rice escribió para ella misma, detalla que en la reunión discutieron la posibilidad de limitar el acceso del presidente entrante Trump a cierta información clasificada.

En una carta enviada a Rice el 12 de febrero de 2018, el presidente del Comité Judicial del Senado, el republicano de Iowa Chuck Grassley y el presidente del Subcomité Judicial del Crimen y el Terrorismo del Senado, la republicana de Carolina del Sur Lindsey Graham, le pidieron a Rice que respondiera una serie de preguntas sobre ese correo electrónico.

“Nos parece extraño que, entre sus actividades en los momentos finales del último día de la administración Obama, sienta la necesidad de enviarse un correo electrónico tan inusual que pretenda documentar una conversación que involucre al presidente Obama y sus interacciones con FBI. con respecto a la investigación Trump/Rusia”, dice la carta.

“Además -agrega- a pesar de su afirmación de que el presidente Obama le dijo repetidamente al Sr. Comey que proceda” de acuerdo al reglamento, “han surgido preguntas sustanciales acerca de si los funcionarios de FBI, así como del Departamento de Justicia y el Departamento de Estado, procedieron de esa manera, de acuerdo al reglamento”.

Textos entre el agente principal de FBI en el caso Trump, Peter Strzok, y el concejal del entonces subdirector de FBI Andrew McCabe, Lisa Page, también revelaron la participación de la Casa Blanca en la investigación de FBI.

En un mensaje de texto del 2 de septiembre de 2016, Page le escribió a Strzok: “Potus quiere saber todo lo que hacemos”. POTUS es un acrónimo de Presidente de los Estados Unidos, que en ese momento era Barack Obama.

Un mes antes, el 5 de agosto de 2016, Strzok había enviado un mensaje de texto a Page, diciéndole que un funcionario, cuyo nombre fue escrito en los mensajes de texto publicados por el Departamento de Justicia, había dicho que “la Casa Blanca está ejecutando esto”, refiriéndose al Investigación de Trump.

En el momento de la reunión en la Oficina Oval, la investigación de FBI fue la única investigación abierta sobre presunta colusión rusa en las elecciones de 2016. A principios de ese mes, el 6 de enero, el Director de Inteligencia Nacional, James Clapper, había publicado el informe de la agencia de inteligencia conjunta que no incluía ninguna evidencia de colusión entre Trump y Rusia.

Poco después de la reunión, después de que Trump tomara posesión de su cargo, la investigación de FBI se convirtió en el punto focal del movimiento de resistencia contra Trump. Las filtraciones selectivas, así como los informes falsos -una abrumadora cantidad de informes de prensa que alegaban que Trump había coludido con Rusia- se utilizaron para confundir al público y despertar el resentimiento y la ira. Junto con esto, políticos y voceros demócratas clave, comenzaron a sugerir la destitución de Trump por esos motivos.

Las organizaciones de los medios de prensa comenzaron a sentar las bases de una historia de colusión de Rusia en 2016. Fusion GPS, la compañía detrás del llamado dossier Trump, que jugó un papel crucial en la investigación de FBI y en la aplicación de la orden de espionaje FISA, ha proporcionado a los periodistas, incluidos aquellos de The New York Times, The Washington Post y CNN, sesiones informativas secretas sobre las acusaciones infundadas.

Los documentos judiciales presentados por el Comité de Inteligencia de la Cámara en noviembre del año pasado, también revelaron que Fusion GPS efectuó pagos a un número selecto de periodistas que estaban cubriendo asuntos relacionados con Rusia.

A través de La Gran Época.

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Temas: Categorías: América EE.UU

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