Por: Gerardo De la Concha* para BLes.

Este año se cumplen los 500 años de la llegada del conquistador Hernán Cortés a las tierras mexicanas.

Sin duda es una fecha de gran trascendencia para la cultura mexicana, aunque oficialmente no se haya anunciado nada todavía que muestre algún interés de las autoridades culturales del gobierno de López Obrador en el asunto.

Parece que estas autoridades se encuentran ocupadas fundamentalmente en despedir empleados públicos contratados por el anterior gobierno, a pesar de que en este sector haya sido abrumador el apoyo al nuevo partido gobernante. Además de esto, sus programas parecen centrarse en la propaganda política y no en un nuevo impulso del amplio aparato cultural del Estado mexicano.

Quien asumió muy discretamente una postura que habrá de crear polémica, fue el rector de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Enrique Graue, quien recientemente sin ningún reflector firmara un convenio con su homólogo de la Universidad de Salamanca, el cual consiste exclusivamente en la publicación de libros que reivindican y rinden homenaje al Conquistador Hernán Cortés, ignorando totalmente a la civilización azteca vencida, cuyos vestigios y los del México antiguo siempre se han considerado parte importante de la cultura mexicana.

Los criollos alimentaron el espíritu anticolonialista y de independencia, creando un mito de las culturas prehispánicas para crear de esa manera una nueva identidad mestiza, que ya no era la española conquistadora ni la indígena derrotada.

Así pues, el hecho de que la UNAM invierta fondos públicos en únicamente la promoción española de la figura de Hernán Cortés, necesariamente va a hacer ruido frente a una tradición cultural que decidió marginar al Conquistador, tanto por la brutalidad de la Conquista, como por el hecho de que la nación mexicana incorpora símbolos aztecas, como el escudo de su bandera, el culto a Cuauhtémoc -el último emperador azteca que resistió la invasión española- y porque los vestigios prehispánicos son una parte orgullosa de la cultura de México y del interés que provoca internacionalmente, además de ser un elemento importante de la atracción turística.

La estatua de Cuauhtémoc, en Cuauhtémoc, Chihuahua, México
La estatua de Cuauhtémoc, en Cuauhtémoc, Chihuahua, México

Sin embargo, debe concederse que quizás ya es la hora de que Hernán Cortés, el fundador de la Nueva España, salga de su absurdo ostracismo histórico. Negar que sin él no habría nacido la nación mexicana, ya es insostenible. Biografías serias y equilibradas como la de José Luis Martínez y Maurice Duverger, así como la postura de periodistas, críticos e intelectuales que desechan los viejos reduccionismos muestran que de alguna suerte, el Conquistador habrá de asumir un lugar más equilibrado en el panteón de la historia mexicana.

Así como es un error la postura unilateral de los españoles avalada por el Rector de la UNAM, también la negación del papel y lugar histórico cortesiano bordea el ridículo ideológico.

Debe reconocerse que este debate entre hispanófilos e indigenistas ha marcado mucho del enfoque histórico y cultural mexicano. Ha llegado quizás la hora de posturas equilibradas que ubiquen en su contexto a los conquistadores y a los vencidos y se reconozca el valor de las dos civilizaciones que entraron en choque. Pero el convenio unilateral firmado por el rector de la UNAM para reivindicar tan sólo a Hernán Cortés con libros que estudian a la Virgen de Extremadura porque era extremeño, no ayudan a que el debate cultural sea enriquecedor en una fecha tan significativa.

Es posible que en algún momento de 2019, la Secretaría de Cultura de López Obrador haya terminado de despedir empleados y se le pueda pedir un aporte inteligente a esta conmemoración de lo que es el inicio de un parto violento que dio origen a México, un país de rica historia y cultura, tan complejas como interesantes.

*Escritor mexicano.

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