WASHINGTON—El tráfico sexual es la respuesta a un problema de demanda. Pero casi no se presta atención a esa demanda.

“Obviamente la demanda de sexo no es algo nuevo. Pero el deseo cada vez más insaciable de sexo con niños es algo nuevo en nuestra sociedad y está descontrolándose”, dice Geoff Rogers (CEO del Instituto de EE. UU. contra el Tráfico Humano) en una Cumbre del Departamento de Justicia sobre Tráfico Humano, el 2 de febrero pasado.

“Por eso, mientras nos enfocamos en la demanda, intentamos llegar al núcleo absoluto de donde proviene”.

Rogers dice que el Centro Nacional Sobre Explotación Sexual ha recolectado evidencia de numerosos estudios que prueban que la pornografía y nuestra cultura hipersexualizada es la que está impulsando el deseo insaciable de sexo y la compra de sexo, incluyendo niños.

“Necesitamos cambiar como sociedad. Tenemos que tomar esto y entender que como sociedad no está bien que tengamos una generación entera de niños creciendo con acceso inmediato a la pornografía explícita, desviada y violenta”, dice Rogers.

“Oí a un experto que lo dijo muy bien: la pornografía es uno de los experimentos sociales sin control más grande que el mundo haya visto”.

Gail Dines, profesor emérito de sociología y estudios de la mujer en la Universidad Wheelock de Boston, ha estudiado el impacto de la pornografía por más de 25 años.

En una publicación de 2017, Dines dice que desde la domesticación de internet, comenzando alrededor del 2000, la pornografía se hizo “asequible, accesible y anónima, los tres factores para aumentar la demanda y el consumo”.

Los sitios pornográficos tienen más visitantes por mes que Netflix, Amazon y Twitter combinados. Pornhub solo, recibió 21.200 millones de visitas en 2015, un promedio de 58 millones de personas por día, según Dines. En 2017, la cifra subió a 81 millones por día.

“Estudios muestran que casi el 49 por ciento de los varones en la universidad tienen el primer encuentro con la pornografía antes de los 13 años”, dijo.

Un extenso estudio de 2010 concluyó que el 90 por ciento de las escenas pornográficas contiene al menos un acto de agresión verbal o físico.

“La tormenta perfecta está aquí, donde tenemos una generación joven de niños que tiene acceso a pornografía explícita y violenta en sus móviles a la edad de 9, 10, 11”, dice Rogers. “Están creciendo adictos a la pornografía; eso está forjando lo que será su molde sexual. Y en algún punto, van a pasar de la visualización a la materialización”.

La pornografía está ayudando a crear una demanda que no tiene fin.

“Si alcanzáramos una situación donde pudiéramos rescatar a cada víctima del tráfico sexual en el país hoy en día, yo diría que mañana, todo lo que tendríamos sería un vacío increíble de oferta que los traficantes llenarían en cuestión de tiempo”, dice Rogers.

Acabar con el tráfico

Rogers lanzó el Instituto de EE. UU. Contra el Tráfico Humano en 2016 con Kevin Malone, el ex gerente general de los Dodgers de Los Ángeles. Malone ha estado luchando contra el tráfico por nueve años y Rogers por cinco años.

Su misión es acabar con el tráfico de humanos en Estados Unidos.

“Es una proposición audaz, pero creemos que podemos hacerlo y creemos que como organización y sociedad, debemos hacerlo”, dice Rogers. “Tengo que creer que colectivamente podemos acabar con la lucrativa violación organizada y masiva de los niños de nuestra nación”.

“De todos los problemas sociales que enfrentamos, este es el que deberíamos detener”.

Rogers ha ayudado a establecer residencias para víctimas del tráfico sexual en Florida. El hogar de cinco camas, abrió el año pasado para niños de entre 10 y 17 años.

Él también está buscando cómo consolidar las miles de ONGs de todo el país para combatir el problema desde todo ángulo.

“Estoy viendo esto desde la perspectiva de un negocio. Yo vengo de IBM. No estoy viendo esto desde la perspectiva de servicios sociales y tampoco mi cofundador, Kevin Malone”, dice Rogers. Él dice que su foco es encontrar y replicar buenas prácticas.

Dice que el cambio real necesitará que trabajen juntos la justicia penal, el sistema educativo, los negocios en la comunidad, la industria de la salud, la industria tecnológica y las organizaciones de fe e iglesias.

Rogers puso de ejemplo al condado King, en Seattle.

“Lo que ellos hallaron es que cuando todas estas organizaciones van contra la demanda al mismo tiempo, es cuando se ve esta reducción”, dijo.

Basado en el modelo de su éxito, Rogers desarrolló el programa Zona Libre de Tráfico, el cual es un sistema reproducible que aúna todos los grupos de la comunidad para tratar el problema de la demanda. El condado Pasco en Florida es el primer condado de Estados Unidos en sumarse.

Rogers también trabaja con la legislatura de Florida para que la pornografía sea designada como crisis sanitaria en el estado. Él espera que se apruebe este año.

“Si alcanzáramos una situación donde pudiéramos rescatar a cada víctima del tráfico sexual en el país hoy en día, yo diría que mañana, todo lo que tendríamos sería un vacío increíble de oferta que los traficantes llenarían en cuestión de tiempo” dice Geoff Rogers en la Cumbre sobre el tráfico, en Washington el 2 de febrero de 2018 (Shutterstock).

Una historia personal

La historia de Gabe Deem es solo una de las muchas miles en Estados Unidos.

“Fui expuesto a la pornografía por primera vez a la edad de 8 años. Estaba jugando con unos amigos del barrio y encontramos una revista Playboy”, escribió Deem en un estudio el año pasado. “A los 10, mi familia puso el cable y me quedaba hasta tarde por la noche mirando pornografía erótica mientras mis padres pensaban que dormía”.

Pero fue a los 12, cuando su familia instaló internet de alta velocidad, que las cosas se aceleraron para Deem.

“En cuestión de días estaba viendo pornografía explícita. Volvía en bicicleta de la escuela tan rápido como podía y miraba pornografía por un par de horas hasta que llegaban mis padres. Para cuando estuve en la secundaria, ya había visto todos los géneros de porno que había. Y no era el único chico que hacía esto. Los chicos de la escuela solían intercambiar papeles con datos de cómo encontrarlo y cómo esconderlo de los padres”.

Los últimos años de secundaria fueron más de lo mismo, especialmente luego de que Deem y sus compañeros de clase llevaran sus computadoras portátiles a la escuela.

“Lo primero que hicieron los chicos fue averiguar cómo podíamos jugar videojuegos. La segunda cosa fue cómo hacer para mirar porno”.

Deem dice que no pudo tener una relación saludable con una mujer hasta que abandonó la pornografía a los 20.

“En retrospectiva, veo claramente que la pornografía estaba afectando nuestro comportamiento, cómo veíamos y tratábamos a nuestros pares y a nuestra sexualidad”, dijo.

Deem ha comenzado desde entonces una comunidad de recuperación llamada Reboot Nation para ayudar a la gente joven a dejar la pornografía. Creció hasta tener unos 10.000 miembros en tres años, dice Deem.

Ir de la pornografía a pagar por sexo con niños no es un paso tan grande cuando uno ve la investigación en este área.

Deem señaló una encuesta de 2012 donde se les preguntó a unos 1500 hombres de un foro de recuperación, si sus gustos en cuanto a pornografía habían cambiado con el uso continuo.

“56 por ciento reportó que sus gustos por el porno se habían vuelto ‘cada vez mas extremos o desviados’. Al 24 por ciento le molestaba y al 32 por ciento no”, escribe Deem.

“Así que podemos ver de dónde viene este deseo insaciable por tener sexo con niños”, dice Rogers. “Como sociedad, es tiempo de ponernos serios sobre la forma en que encaramos el tema del sexo con nuestros niños, el tema de la pornografía y la hipersexualización general de nuestra sociedad”.

Educación

Es también un tema personal para Rogers. Él tiene tres muchachos, de 13, 10 y 7 años.

“Veo a mis muchachos y los quiero criar para que no sean compradores de sexo”, dijo. Él dice que oír historias de tráfico sexual de niños y luego volver y ver a sus hijos, que tienen la misma edad que los niños traficados, es una “loca realidad”.

Él dice que trata de inculcar valores en sus hijos sobre cómo tratar a las mujeres y lo que significa ser un hombre.

“Y el problema que tenemos … todo lo que le puedo inculcar a mis hijos sobre cómo tratar bien a las mujeres… todo lo que tienen que hacer es ver videos pornográficos que son gratis en internet, a solo un clic de distancia en un móvil, y verán la degradación última de la mujer en nuestra sociedad”.

Las consecuencias

Y aunque las niñas no son las consumidoras mayores de pornografía, ellas sufren las consecuencias, dice Dines. “Debido a que tienen relaciones sexuales con los varones y hombres que tienen el molde impuesto por la violenta pornografía que es común en internet”.

Ella dice que la investigación de la Asociación Americana de Psicología muestra que las niñas que internalizan el mensaje de la cultura pop hipersexualizada tienden a ser más depresivas, a tener ansiedad, baja autoestima, desórdenes alimenticios y comportamientos sexuales de riesgo.

“Aún más, las niñas tienen mayor riesgo de ser violadas, golpeadas y traficadas en una sociedad donde la pornografía está normalizada”, dice Dines.

Ella dice que desafortunadamente, muchos padres no saben del grado de “brutalidad y deshumanización” que es común en la pornografía de hoy en día. Ellos no tienen idea de que la pornografía es accesible y no saben cómo acercarse a sus hijos sobre este tema.

“Los padres son nuestros primeros maestros y los que tienen más influencia. Según estudios, un ambiente familiar en el cual apoyarse es un factor preventivo clave”, dice Dines. “Esto significa que es imperativo que se eduquen sobre esta seria amenaza para el bienestar de sus hijos y que estén equipados con las habilidades necesarias para tener ‘valientes conversaciones’ con sus hijos”.

A través de La Gran Época.

La pornografía está creando una nueva era de abusadores de menores
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Categorías: América EE.UU

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