El lago Poopó, ubicado a 3.600 metros de altura, en plena cordillera andina boliviana, con una extensión de 3.000 kilómetros cuadrados, desaparece con el paso de algunos años, dejando en su fondo multitud de restos de peces y aves muertas alrededor.

Las 350 familias, que derivaban su sustento de la vida que alberga, también son obligadas a migrar a fin de rebuscar nuevos modos de sustentarse. El lago depende del río Desaguadero que le aporta agua proveniente del Lago Titicaca, y cuando este baja de nivel aquel agoniza.

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En el año 2015 cundió la alarma cuando se regó la voz: “¡El lago Poopó desapareció!”, pero a principios del 2017 Reymi Ferreira, ministro de Defensa, anunciaba: “Lago Poopó otra vez con agua”.

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Pero de nuevo, a finales del 2017, Angelo Attanasio, enviado de BBC, certificaba con sus fotografías el fondo agrietado que meses antes albergaba el líquido precioso. El color verde que matizaba el agua moteado del rosa de los flamencos andinos había desaparecido.

“Nos hemos quedado huérfanos”, fueron las palabras de Pablo Flores, el líder de los Uru, quien viviera de la caza y la pesca al igual que los demás habitantes de las tres aldeas junto al lago. Son unas 700 personas que no dejan de efectuar ritruales al tiempo que cavan una gran zanja para que traiga de nuevo el flujo vital.

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Los Uru pasan a formar parte de más del 30% de los habitantes del departamento de Oruro que viven en condiciones de extrema pobreza, con una esperanza de vida 10 años menor que el resto de los bolivianos.

Recurriendo a la historia, esta nos cuenta que entre 1939 y 1944 y luego entre 1994 y 1997 las aguas del Poopó se agotaron, mientras que entre 1969 y 1973 tan solo quedaban unos pocos charcos salobres, pero siempre su cuenca se llenaba de nuevo.

“No hay duda de que el Poopó volverá a existir en el futuro”, afirma Milton Pérez, quien enseña ingeniería agrícola en la Universidad Técnica de Oruro, y ha seguido de cerca el comportamiento del cuerpo de agua. Sin embargo, por otro lado señala a los estudios científicos según los cuales en la prehistoria lagos mucho mayores terminaron su existencia, entre ellos el lago Michín, desaparecido hace 10.000 años para dejar a los actuales como sus descendientes.

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En este sentido los modelos matemáticos señalan que su fin se dará en 1.500 o 2.000 años, si bien el profesor Milton augura que ocurrirá entre 250 y 300 años.

De acuerdo con los antecedentes, se puede augurar que a su debido tiempo el lago Poopó también terminará siendo un salar, y nadie puede asegurar que regresará.

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Categorías:América

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