Redacción BLes – El ex agente del Servicio Secreto de la Casa Blanca Gary John Byrne* presentó una querella en virtud de la Ley de Organizaciones Corruptas e Influenciadas por Chantajistas (RICO, por sus siglas en inglés) para denunciar lo que ha dado en llamar la “Red de Corrupción Clinton” que forma parte del “Estado Profundo”. 

En 2016, Byrne, tras abandonar su cargo después de proteger a la familia Clinton durante ocho años declaró al igual que otras autoridades —entre las que se cuenta el Director del FBI— que Hillary Clinton es una dictadora inepta e irresponsable, incapaz de cumplir los protocolos de seguridad entre otras muchas cosas. “Lo esconden todo y todo lo que sale de su boca es mentira. Ni siquiera pueden decir la verdad cuando pueden decirla. Su marido es un buen ejemplo”, aseguraba.

Foto navideña de archivo de Gary Byrne, Hillary y Bill Clinton 

El 15 de junio de 2018 —según lo que él mismo informó en su red social— decidió dar un paso más con el propósito de desenmascarar no solo a la “Maquinaria Clinton” sino también a todos esos actores ocultos detrás de la escena política como, por ejemplo, el magnate especulador George Soros, a quien se atribuye la injerencia encubierta en multitud de gobiernos democráticos del mundo a través de sus fundaciones de ayuda humanitaria, así como la financiación millonaria de las campañas de Hillary y Obama.

Entre los demandados se destacan las supuestas fundaciones y organizaciones humanitarias de los Clinton, George Soros, John Podesta, David Brock, Jan Gilhooly y Jonathan Wackrow —compañero del Servicio Secreto y Analista de la CNN—.

El sumario del caso expone lo siguiente:  

Durante la última década, tomaron lugar algunas de las acciones más relevantes y corruptas de los acusados —quienes insisten en catalogar de “venganza” el papel que desempeñó el demandante Gary Byrne en el proceso de destitución de Clinton y su condición de “enemigo de Clinton” (por su temeridad a la hora de decir la verdad sobre la obstrucción a la justicia y el grave abuso de poder)—, en connivencia con sus sustitutos y colaboradores corruptos —a los que se hace referencia individual y colectivamente como la “Empresa”—. 

David Brock, William y Hillary Clinton han sido sinónimos de conducta criminal, ataques maliciosos sin fundamento (usando principalmente las tácticas difamatorias ilícitas y corruptas para atacar a supuestos enemigos políticos, como el Oficial Gary Byrne, en calidad de demandante aquí) coordinando por correo y cable para quebrantar una miríada de leyes Federales y Estatales en la explotación de instituciones sin ánimo de lucro que pertenecen a la “Empresa” y utilizan para propósitos puramente partidistas. 

La ‘Empresa’ ha llevado los citados ataques a un nuevo nivel sin precedentes y escalofriante —involucrando la vigilancia humana y electrónica doméstica ilegal, y el comercio— para obstruir las investigaciones gubernamentales sobre los correos electrónicos de Hillary Clinton y la Fundación Clinton, en contra de la ciudadanía con el único propósito de contribuir a que Hillary Clinton se convierta en la 45.º Presidente de los Estados Unidos, destruir a Gary Byrne y enriquecerse. 

De acuerdo con las investigaciones del Congreso de los Estados Unidos, y tal y como se prevé que surjan de las numerosas investigaciones en curso del gobierno, Hillary Clinton y otra empresa con nombre y apellidos desconocidos, y jueces de alto nivel, habrían actuado en connivencia con la inteligencia rusa (SVR y FSB) y un desgraciado (y según una remisión de la Comisión de Asuntos Judiciales del Senado de los Estados Unidos, un presunto delincuente) ex oficial de inteligencia británico (Christopher Steele) para lograr sus objetivos ilícitos e inconstitucionales.

Los acusados de la “Empresa” tienen la oportunidad de responder adecuadamente ante un tribunal de que engañaron muchas veces —a sabiendas— valiéndose de las herramientas de contrainteligencia más poderosas disponibles. 

Hace diez años, la desviación de fondos que llevaba a cabo el hoy acusado Brock se organizó con la mayor precisión por parte de la “Empresa” y, por lo tanto, se convirtió en el arma definitiva, al unir fuerzas el ex presidente William Jefferson Clinton —“Bill Clinton”—, Hillary Rodham Clinton —“Hillary”— y el financiador George Soros —“Soros”—, vinculándose también en distintas etapas al resto de acusados nombrados aquí. 

Los Clinton y George Soros, principales receptores de los fondos  desviados por Brock

Tanto los demandados como la “Empresa” que formaron para controlar el Partido Demócrata, se aprovecharon ilícitamente de un acuerdo estructural previamente inviolable (entre las tres ramas de nuestro gobierno) codificado en la Ley de Vigilancia de la Inteligencia Extranjera (Foreign Intelligence Surveillance Act, “FISA”) al disponer los pago a la SVR rusa y a la FSB y al (ex) agente británico Christopher Steele —“Steele”— a través de los comerciantes de la difamación “Fusion GPS”. 

En otras palabras, para abolir a sus enemigos, los acusados de la “Empresa” estaban dispuestos a desafiar todos los dictados legales y constitucionales —incluyendo a ciertos actores dentro del Departamento de Justicia—, engañando inefablemente a los colegas del Artículo III residentes en esta misma Corte. Esto es sedición, rayando en la traición, y patentemente ilegal.

Un dato que algunos temen que pueda desnivelar la balanza en relación al contenido del sumario, sería que el juez presidente designado para la causa —Paul L. Friedman— fue nombrado por Bill Clinton.

Gary Byrne es autor del best seller Secrets of the Secret Service (Los secretos del servicio secreto)

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Temas: Categorías: América EE.UU

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