¿Qué es ‘Made in China 2025’?

El motivo del plan económico

El Partido Comunista Chino (PCCh) quiere convertir a China en una “superpotencia manufacturera”: un país avanzado en la fabricación de tecnología que domine los mercados globales de alta tecnología y reemplace a los competidores extranjeros.

El plan económico para lograrlo, el programa “Made in China 2025”, se presentó en 2015. En el plan, el régimen chino esboza 10 sectores relacionados con la tecnología que quiere desarrollar: tecnología avanzada de la información, robótica y máquinas-herramienta automatizadas, componentes de aviones y aeronaves, buques marítimos y equipos de ingeniería marina, equipos ferroviarios avanzados, vehículos de nueva generación de energía, equipos de generación y transmisión eléctrica, maquinaria y equipos agrícolas, nuevos materiales, y productos farmacéuticos y dispositivos médicos avanzados.

Según un análisis de 2016 del plan del Instituto Mercator de Estudios Chinos con sede en Alemania, “el objetivo es esencialmente construir una estructura y capacidades económicas similares a las de Alemania y Japón: un país industrial fuerte basado en una industria manufacturera robusta e innovadora”.

El programa se basa en las políticas industriales existentes, pero con una coordinación más profunda entre numerosos organismos estatales. “Made in China 2025” es ahora una parte fundamental de la estrategia nacional del régimen chino.

Para lograr el objetivo de controlar las cadenas mundiales de suministro lo más rápidamente posible, el régimen chino tiene un método principal: orientar a las empresas estatales y privadas a que inviertan y adquieran empresas extranjeras con el fin de robarles sus innovaciones tecnológicas.

El régimen chino financia directamente estas inversiones en alta tecnología utilizando una variedad de fondos de inversión nacionales y sociedades de inversión que proporcionan apoyo financiero a las empresas chinas de alta tecnología.

Tras el lanzamiento del plan, las inversiones chinas en empresas extranjeras -especialmente alemanas- especializadas en la automatización y digitalización de la producción industrial aumentaron significativamente, según el Instituto Mercator.

Las cifras de inversión mundial de China también reflejan esta prioridad. En 2016, las dos principales industrias en las que las empresas chinas participaron en acuerdos de adquisición en el extranjero eran la manufacturera (con un valor aproximado de 30.000 millones de dólares) y la tecnológica/software de la información (con un valor aproximado de 26.400 millones de dólares), según la Institución Chung-Hua para la Investigación Económica, con sede en Taiwán.

Otra estrategia que emplea el régimen chino es presionar a las empresas extranjeras que hacen negocios en China para que transfieran sus conocimientos tecnológicos a sus contrapartes chinas de empresas conjuntas. Esto se hace a menudo a cambio de dar a las empresas acceso al mercado chino.

Un informe reciente sobre las prácticas de robo de propiedad intelectual en China, publicado por la Oficina del Representante de Comercio de Estados Unidos, descubrió que, para las empresas estadounidenses que son el foco de las políticas industriales del régimen chino, la presión para transferir tecnología fue “particularmente intensa”.

Una encuesta realizada por el gobierno de EE.UU. en 2017 sobre la industria de circuitos integrados, detectó que 25 empresas tuvieron que formar empresas conjuntas con entidades chinas y transferir su tecnología.

Las empresas europeas también sienten la misma presión. La Cámara de Comercio de la UE en China publicó una encuesta sobre la confianza de las empresas en 2017, en la que los porcentajes más altos de encuestados se encontraban en los sectores a los que se dirige el plan “Made in China 2025”: 31% en el sector aeroespacial y de aviación, 23% en maquinaria y 21% en  automotor y componentes automovilísticos. En general, el 17 por ciento de los encuestados describió que tenía que transferir su tecnología.

Evitar la ‘trampa de los ingresos medios’

El enigma económico del régimen chino

El régimen chino ve el mejoramiento de su sector manufacturero como una parte crítica para sobrevivir en la economía moderna y competir con éxito “con otros rivales establecidos en el mundo”, como refiere un artículo en el periódico estatal China Daily. El Estado trata de escapar del destino de la “trampa de los ingresos medios”: un fenómeno por el cual, al alcanzar los niveles de ingresos medios, el crecimiento de un país se estanca y no puede dar el salto hacia una economía avanzada.

Por lo tanto, en lugar de la fabricación de productos básicos de gama baja como ropa y calzado por la que China es conocida, el régimen quiere producir principalmente productos de alta tecnología. Sin embargo, esa hazaña es más fácil de decir que de hacer, ya que China sigue rezagada en los avances tecnológicos.

Mientras tanto, las empresas extranjeras que antes dependían de la mano de obra barata de China para producir sus productos, ahora están mirando hacia otro lado. El aumento de los costos de mano de obra y de los precios de la tierra, condujo a muchas empresas a trasladar sus fábricas a países del sudeste asiático como Vietnam, Bangladesh e India, donde los costos operativos son más bajos.

Un informe de Boston Consulting Group de 2011 también destaca que con una mayor productividad de EE.UU. y por el aumento de los costos operativos en China, la brecha de costos entre la fabricación en China en comparación con los Estados Unidos se reducirá, lo que hará cada vez más lucrativo para las empresas estadounidenses regresar a su país.

En los últimos años, grandes multinacionales como Nike, Adidas AG, Nikon Corp. y Microsoft Corp. cerraron sus fábricas chinas.

El comunismo es el problema central

Por qué el régimen chino no quiere y no puede jugar limpio

Hay una expresión idiomática en chino que dice “pedirle la piel a un tigre”. El refrán puede compararse con la situación de Estados Unidos, que le pide al PCCh que juegue limpio en los negocios. Así como el tigre necesita su piel para sobrevivir, también el PCCh necesita del robo y realizar prácticas desleales para poder competir.

Un problema clave es que Estados Unidos no entiende la naturaleza de la bestia. El problema con las prácticas utilizadas del PCCh no son problemas superficiales. El problema verdadero es la naturaleza detrás de los asuntos, la ideología que dirige sus acciones.

China sigue siendo en gran medida un país comunista, y el PCCh mantiene un estricto control sobre cada rincón del país asiático. Los niños son adoctrinados con consignas del Partido. Las empresas con más de 50 empleados deben tener vínculos con el Partido; el Departamento de Política General tiene la tarea de adoctrinar a los militares con ideología comunista; y otras áreas del país tienen programas similares.

Entre las muchas consignas del PCCh se encuentran “Mantener el máximo alineamiento con el Comité Central del Partido” y “Cumplir el mandato del Partido si lo entiendes. Aunque no lo entiendas, hazlo de todos modos y tu entendimiento se profundizará al llevar a cabo las órdenes”.

Bajo la ideología comunista, no existe el concepto de propiedad privada, y bajo sus sistemas, la lucha entre países, empresas e incluso la gente común se convierte en la forma de vida común. El concepto general es que si algo puede ser tomado, entonces tómalo; y sostiene que las mentiras y el engaño son métodos aceptables para lograr sus objetivos. Entre las consignas principales del PCCh durante la Revolución Cultural se destacaba: “Batalla con el cielo, lucha con la tierra, lucha con los seres humanos: ahí está la alegría sin fin”.

El robo económico está dirigido por el PCCh, con objetivos establecidos en sus planes económicos quinquenales. El programa “Made in China 2025” continúa con programas similares del PCCh para el robo económico, incluyendo su política del Proyecto 863, su Programa Antorcha, su Programa 973, entre otros. El libro “China’s Industrial Espionage” (Espionaje industrial chino) de William C. Hannas, James Mulvenon y Anna B. Puglisi afirma que “cada uno de estos programas recurre a la colaboración extranjera y a las tecnologías para cubrir las principales deficiencias” y anima a los expertos formados en Occidente a servir al PCCh, ya sea regresando a China o “sirviendo en el lugar”.

Un informe de 2011 de la Oficina del Ejecutivo Nacional de Contrainteligencia de Estados Unidos dice que el Proyecto 863 “proporciona financiación y orientación para los esfuerzos por adquirir clandestinamente tecnología e información económica sensible de los EE.UU.”.

No hay empresas privadas reales en China

Las empresas estatales y privadas hacen lo mismo que el régimen chino

En apariencia, el régimen chino permitió la introducción de algunos principios de mercado en China tras las reformas económicas de los años ochenta. En realidad, el sistema comunista no permite una verdadera propiedad privada.

El régimen chino considera que toda innovación tecnológica es esencial para sus intereses nacionales. Por lo tanto, tanto las empresas privadas como las estatales siguen las órdenes del régimen chino. Cuando se trata de inversiones extranjeras en los sectores de alta tecnología priorizados como en “Made in China 2025”, el régimen orienta a las empresas chinas sobre dónde invertir para su propio beneficio.

Como demuestra el análisis del Instituto Mercator, el régimen chino a menudo oculta su participación. “Los fondos de inversión soberanos y las empresas gubernamentales de gestión de inversiones desempeñan un papel cada vez más importante en la IED de alta tecnología [inversión extranjera directa]”, señala el informe. “Mientras que estos fondos y su gestión se presentan a menudo como empresas privadas, el papel activo del Estado se oculta detrás de una red opaca de propiedad y estructuras de financiación”.

Por ejemplo, JAC Capital adquirió la empresa holandesa de semiconductores NXP en 2016. El cincuenta y uno por ciento del JAC es propiedad de un vehículo de inversión del Consejo de Estado de China, la principal agencia administrativa del régimen.

También en 2016, el Fondo Nacional de Inversión en Circuitos Integrados (IC Fund), respaldado por el estado, compró una participación del 4,29 por ciento en Apex Technology, un consorcio de inversión chino, justo antes de que Apex adquiriera Lexmark International, un fabricante de impresoras estadounidense. Según un informe sobre “Made in China 2025” de la Cámara de Comercio de Estados Unidos, los formularios de relaciones con los inversores habían revelado que “el Fondo IC cooperó con Apex no solo como inversor financiero, sino también con la esperanza de que Apex llevara a cabo la estrategia nacional de China”.

Las firmas de capital privado también pueden ser utilizadas para financiar adquisiciones extranjeras. Un informe de Reuters reveló que la financiación parcial de la empresa de capital privado Canyon Bridge con sede en California, se originó en el Consejo de Estado de China para la compra de American chipmaker Lattice Semiconductor en una oferta de 1.300 millones de dólares.

En septiembre de 2017, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, bloqueó el acuerdo, alegando preocupaciones de seguridad nacional. Después de todo, el desarrollo de la industria de los semiconductores ocupa un lugar destacado en la lista de prioridades de “Made in China 2025”; actualmente China depende en gran medida de los chips importados, uno de los mayores insumos de importación del país asiático.

Por qué China necesita robar tecnología

El sistema comunista no permite la verdadera innovación

Se sabe que el pueblo chino sobresale en la educación y que constituye uno de los grupos étnicos más grandes que participan en programas de estudios universitarios en el extranjero en Estados Unidos. Entonces, ¿Por qué el régimen chino se hizo tan famoso por robar la propiedad intelectual para impulsar su economía?

El problema no está en el pueblo chino, que mantiene hasta cierto punto los valores familiares y la ética laboral de la cultura tradicional china. En cambio, el problema radica en el régimen chino, sus puntos de vista comunistas sobre la propiedad intelectual y su sistema de corrupción que permite e incluso respalda tales actividades.

Bajo la ideología del PCCh, que fomenta la lucha y el engaño, la inversión en la innovación y el desarrollo de una propiedad intelectual única es una perspectiva perdedora. Si una empresa invierte tiempo y dinero en investigación y desarrollo, el producto resultante será copiado por los competidores poco después de su lanzamiento al mercado. Debido a esta cultura del robo de parte del PCCh, la investigación y el desarrollo son, por lo tanto, una inversión peligrosa para la supervivencia de una empresa.

Debido a la falta de innovación independiente, el PCCh se vio obligado a llenar el vacío mediante la inversión en programas de investigación y desarrollo. Sin embargo, con los fondos estatales fluyendo a través de numerosos niveles de burocracia, el dinero a menudo no termina donde estaba inicialmente destinado; y en las empresas estatales, donde hay pocas posibilidades de ascender de nivel jerárquico sin involucrarse en acuerdos corruptos, es común que los empleados no sean diligentes y utilicen la oleada de financiación estatal tanto tiempo como sea posible.

El PCCh es consciente de este problema y por ello, a pesar de contar con una gran población de personas capacitadas para la investigación, el PCCh sigue apostando por la innovación extranjera a través de programas como “Made in China 2025” y el Proyecto 863.

Además, las empresas chinas se ven obligadas a competir por sus resultados. La principal marca reconocida de China en la historia reciente, ha sido su mercado de producción barata y bienes de bajo costo. Por lo tanto, las empresas chinas tienen que competir fuertemente en la fijación de precios y se ven obligadas a reducir costos y recortar gastos siempre que sea posible.

Es debido a esta competencia por la producción de bajo costo que los productos chinos modernos también son de mala calidad.

Ambos elementos afectaron el impulso del PCCh para crear marcas locales respetadas y su intento de entrar en los mercados de bienes de lujo y de alta tecnología. La cultura corrupta del PCCh es la causa de una investigación y desarrollo ineficiente, lo que conduce a sus programas de robo de propiedad intelectual. La cultura de los PCCh es también la causa de la mala calidad de los productos chinos, que también contribuyó a deteriorar la percepción de las marcas chinas.

A través de  La Gran Época.

Por qué China no abandonará el robo en su estrategia para superar la economía de EE.UU.
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Categorías: América China EE.UU

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