La alcaldía de Bogotá, Colombia, ha emprendido campañas educativas para que los turistas que visitan la capital dejen de alimentar a las palomas, que abundan en algunas plazas públicas.

Clara Lucía Sandoval, directora del Instituto Distrital de Protección y Bienestar Animal, explicó que el 40 por ciento de las aves están enfermas con parásitos internos, externos y viruela por lo que se hace necesaria su intervención veterinaria, según comunicado del 25 de septiembre.

En la emblemática Plaza de Bolívar, ubicada en el centro histórico de la ciudad, pueden encontrarse hasta 3.400 palomas, con una concentración que llega a 33 ejemplares por metro cuadrado, sobrepasando varias veces las 5 que serían normales.

La excesiva población de palomas se ha convertido en una amenaza para la salud pública.

Se ha convertido en costumbre el alimentar a las aves a fin de que se concentren alrededor de las personas que quieren tomarse fotos, rodeadas de ellas.

Para muchos visitantes tomarse fotos rodeados de palomas se ha convertido en uno de los atractivos.

Por eso hay vendedores que ofrecen sus bolsitas con maíz para atraerlas, y que por el precio de un dólar satisfacen el deseo de los turistas e incentivan la reproducción de estas aves.

La contaminación producida

“Hay estudios que confirman la presencia de virus y bacterias en las heces fecales, como la salmonela y la clamidia, que pueden producir trastornos en las personas especialmente en niños y adultos mayores”, según Clara Lucía Sandoval. 

Asimismo dijo que el polvillo que se desprende de las heces fecales y que queda suspendido en el aire también perjudica la salud humana.

Por otro lado, otras enfermedades pueden afectar el sistema inmunológico son la histoplasmosis y la ornitosis, que a su vez amenazan a la fauna silvestre.

Por otra parte, los excrementos ensucian los monumentos históricos y sus ácidos deterioran sus materiales, destruyéndolas lentamente, acelerando de esta manera los efectos del tiempo.

Otro efecto social

Los vendedores de alimento para las aves serán atendidos por el Instituto Para la Economía Social (IPES), cuya directora, Gladys Valero, anunció que serán reubicadas las 14 personas que se dedican al negocio.

“Ya 8 de estos vendedores, que son mayores de 60 años, se encuentran en proceso para incorporarse al proyecto social para vender diferentes productos comestibles dentro de empresas públicas y privadas”, dijo la funcionaria según la página de la alcaldía.

“He criado a cuatro hijos con este trabajo”, dijo Lilly Portilla, una de las vendedoras que ha ejercido el oficio durante 25 años. “Las palomas llevan aquí mucho tiempo, así que ¿por qué de repente el alcalde viene a decirnos que están sucias?“, citó Fox News.

“Sólo dejaría este trabajo si el gobierno me diera una pensión de jubilación”, dijo Luz Meliá Rodríguez, de 65 años, quien dice haber vendido su producto por 50 años.

En otros países

Las palomas han generado problemas similares en muchas ciudades de mundo, y algunas de estas implementaron sus propias estrategias.

Para Londres el recurso consistió en desplegar halcones amenazadores en los alrededores de las estaciones de los trenes.

A su vez, en París se optó por emplear métodos anticonceptivos para limitar la cantidad de los ejemplares que se habían tornado molestos y perjudiciales.

“Estas palomas deberían volver a los espacios verdes, donde pueden alimentarse solas” al decir de Mauricio Cano, un biólogo que ayudó en la campaña educativa en Bogotá.

José Ignacio Hermosa – BLes

Bogotá solicita a los turistas que dejen de alimentar a las palomas 
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Temas: Categorías: América Colombia

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